Ideas clave
1. Poder Global: Estados Unidos como Primero entre Desiguales
Entre los estados, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha sido con mucho el primero entre desiguales, y sigue siéndolo.
Influencia global sin igual. Desde 1945, Estados Unidos ha ocupado una posición de poder sin precedentes, marcando en gran medida los términos del discurso mundial sobre asuntos críticos, desde la organización económica internacional hasta la supervivencia misma de la civilización. Sin embargo, este dominio ha estado en un declive gradual desde su apogeo posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando controlaba la mitad de la riqueza mundial. A pesar de esta caída, ningún competidor ha surgido para desafiar su estatus hegemónico.
Estrategia de Gran Área. Los planificadores estadounidenses en tiempos de guerra imaginaron una "Gran Área" de dominio global que abarcaba el Hemisferio Occidental, el Lejano Oriente, el antiguo Imperio Británico (incluyendo la energía del Medio Oriente) y Europa Occidental. Esta estrategia buscaba mantener un "poder incuestionable" y la "supremacía militar y económica", limitando la soberanía de estados que pudieran interferir. Aunque su alcance se ha reducido, este marco sigue guiando la política exterior de EE.UU., adaptándose a nuevos desafíos como el ascenso de China y los movimientos independentistas en el Sur Global.
Declive y diversificación. La participación de EE.UU. en la riqueza global disminuyó a cerca del 25% en los años setenta, dando lugar a un mundo industrial tripolar (Norteamérica, Europa, Asia Oriental). La caída de la Unión Soviética en 1989 no alteró fundamentalmente las ambiciones estadounidenses, sino que cambió los pretextos para mantener vastas fuerzas militares e intervencionistas, ahora dirigidas contra el "nacionalismo radical" en lugar de la "amenaza rusa". Este declive continuo es en parte autoinfligido, agravado por políticas internas que concentran la riqueza y socavan las funciones democráticas.
2. Control de la Élite: Los “Amos de la Humanidad” y su Agenda Interesada
Adam Smith condenó a los “amos de la humanidad” de su época, los “comerciantes y fabricantes” de Inglaterra, quienes eran “con mucho los principales arquitectos” de la política, y se aseguraban de que sus propios intereses fueran “atendidos de manera muy particular” sin importar cuán “gravoso” fuera el efecto para otros.
La vil máxima. Chomsky invoca frecuentemente la observación de Adam Smith sobre los “amos de la humanidad” y su “vil máxima”: “Todo para nosotros y nada para los demás”. Este principio, señaló Smith, impulsa las decisiones políticas, garantizando que los intereses de una élite poderosa —hoy conglomerados multinacionales, instituciones financieras y imperios comerciales— sean priorizados, a menudo a costa de la población general y el bienestar global. Esta dinámica constituye una guerra de clases implacable y frecuentemente unilateral.
Socavando la democracia. Las investigaciones muestran consistentemente que en Estados Unidos las élites económicas y los intereses empresariales tienen un impacto sustancial e independiente en la política gubernamental, mientras que los ciudadanos promedio tienen poca o ninguna influencia. Esto conduce a “tasas de abstención sesgadas por clase” y a un sistema político donde las opciones apoyadas por la mayoría pero rechazadas por las élites son minimizadas. La Comisión Trilateral, por ejemplo, expresó alarma ante el “exceso de democracia” en los años sesenta, abogando por “más moderación” y un retorno a la pasividad pública.
Concentración de riqueza y poder. La era neoliberal ha intensificado esta concentración, con la riqueza acumulándose dramáticamente en la fracción superior del uno por ciento. Este poder económico se traduce en influencia política mediante financiamiento de campañas y cabildeo, moldeando políticas estatales como medidas fiscales, reglas de gobernanza corporativa y desregulación. El resultado es un ciclo vicioso donde la riqueza genera poder político, que a su vez promulga políticas que concentran aún más la riqueza, dejando a la mayoría con ingresos estancados y deudas crecientes.
3. La Elección de los Intelectuales: Servir al Poder o Buscar la Justicia
El patrón de elogio y castigo es familiar a lo largo de la historia: quienes se alinean al servicio del estado suelen ser alabados por la comunidad intelectual general, y quienes se niegan a alinearse son castigados.
Dos categorías de intelectuales. Chomsky distingue entre “intelectuales tecnocráticos y orientados a la política”, que sirven al liderazgo y a las instituciones establecidas, y “intelectuales orientados a los valores”, que desafían la autoridad y abogan por la justicia. Los primeros suelen ser elogiados y privilegiados, mientras que los segundos son a menudo despreciados, denigrados o castigados, como los dreyfusardos en Francia o los “profetas” en las escrituras hebreas antiguas que condenaban a los poderosos.
Aplicación selectiva del término “disidente”. El término “disidente” se aplica selectivamente, reservando connotaciones favorables para quienes desafían a los enemigos oficiales (por ejemplo, disidentes soviéticos, críticos iraníes). Sin embargo, los intelectuales orientados a los valores en casa o quienes combaten tiranías apoyadas por EE.UU. en el extranjero rara vez son honrados. Por ejemplo, Nelson Mandela estuvo en la lista de terroristas de EE.UU. hasta 2008, y los intelectuales latinoamericanos asesinados por fuerzas respaldadas por EE.UU. no son conmemorados como disidentes honorables, a diferencia de sus contrapartes en estados enemigos.
Responsabilidad moral. Los intelectuales, al ser privilegiados, tienen la responsabilidad moral de usar su estatus para promover la libertad, la justicia y la paz. Esto incluye denunciar no solo los abusos de los enemigos, sino, más significativamente, los crímenes en los que sus propios estados están implicados y sobre los cuales pueden influir. Sin embargo, la práctica predominante suele dictar lo contrario, enfocándose en las transgresiones externas mientras se ignoran o racionalizan los errores domésticos y de aliados.
4. “Intervención Humanitaria”: Un Velo para la Ambición Imperial
Como ha sido común desde entonces, la “intervención humanitaria” condujo a la catástrofe para los supuestos beneficiarios.
Precedente histórico. El concepto de “intervención humanitaria” tiene una historia larga y a menudo cínica, que se remonta al “Gran Sello” de la Colonia de la Bahía de Massachusetts que mostraba a un indígena suplicando “Venid y ayudadnos”. Esta imagen benevolente ocultaba la “extirpación total de todos los indígenas” y otras atrocidades. De manera similar, la intervención estadounidense en Cuba en 1898, presentada como liberación, impidió la independencia cubana y la convirtió en una colonia virtual de EE.UU.
Intereses estratégicos sobre altruismo. Las intervenciones estadounidenses, a pesar de la retórica de “altruismo” o “principios y valores”, están consistentemente impulsadas por objetivos estratégicos y económicos. La administración Clinton declaró explícitamente el derecho a usar la fuerza militar para asegurar “acceso sin restricciones a mercados clave, suministros energéticos y recursos estratégicos”. La invasión de Irak, por ejemplo, se vendió con falsos pretextos de armas de destrucción masiva, pero sus verdaderos objetivos incluían mantener bases militares estadounidenses y control sobre recursos petroleros.
Consecuencias devastadoras. Estas intervenciones frecuentemente conducen a resultados catastróficos para las poblaciones afectadas.
- Las guerras de Indochina devastaron cuatro países y causaron millones de muertes.
- El golpe de Estado apoyado por EE.UU. en Indonesia en 1965 provocó una masacre.
- La intervención de la OTAN en Libia en 2011 frustró una solución pacífica, aumentó las víctimas y dejó el país en ruinas, convirtiéndolo en base para ISIS.
Estas acciones, a menudo ignoradas o reinterpretadas en la historia oficial, evidencian un patrón constante de dominación imperial disfrazada de reclamos humanitarios.
5. Terrorismo de Estado y Tortura: Una Política Consistente de EE.UU.
Más importante aún, la tortura se ha practicado rutinariamente desde los primeros días de la conquista del territorio nacional, y continuó usándose conforme las empresas imperiales del “imperio infantil” —como George Washington llamó a la nueva república— se extendieron a Filipinas, Haití y otros lugares.
Práctica rutinaria. La tortura y el terrorismo de estado patrocinado no son aberraciones, sino prácticas habituales a lo largo de la historia estadounidense, desde la conquista de tierras indígenas hasta las empresas imperiales en Filipinas y Haití. La sorpresa ante la publicación de los “memoriales de tortura” en 2008-2009 refleja una “versión sesgada de la historia estadounidense” que ignora este patrón constante.
Subcontratación y justificación. Aunque la administración Bush autorizó la tortura directa por parte de estadounidenses, la norma ha sido externalizarla, pagando, armando y entrenando fuerzas extranjeras para llevarla a cabo. Este “paradigma de la tortura”, desarrollado por la CIA, se centraba a menudo en la tortura mental y fue cuidadosamente eximido de las interpretaciones estadounidenses de convenciones internacionales. Las justificaciones para la tortura, como obtener información, suelen ser engañosas, como demuestra que la tortura ha probado ser contraproducente y generadora de terroristas.
Desafío al derecho internacional. EE.UU. ha desafiado consistentemente el derecho internacional respecto a la tortura y el debido proceso.
- Guantánamo fue elegido para colocar prisioneros fuera del alcance legal.
- La administración Obama argumentó que los detenidos en Bagram (Afganistán) podían ser retenidos indefinidamente sin derechos, reinstaurando de facto políticas extremas de Bush.
- La campaña de asesinatos con drones redefine el debido proceso como deliberación ejecutiva interna y presume que los hombres en edad militar en zonas de ataque son combatientes, salvo que se pruebe su inocencia póstumamente.
Estas acciones demuestran un profundo desprecio por principios legales y morales fundamentales, a menudo justificado por la “guerra contra el terror” o la noción de “excepcionalismo americano”.
6. Límites de la Democracia: Supresión de la Voluntad Popular en el Exterior
Estados Unidos y sus aliados occidentales harán todo lo posible para impedir una democracia auténtica en el mundo árabe.
Controlando el “virus”. EE.UU. y sus aliados apoyan la democracia solo cuando sus resultados coinciden con sus objetivos estratégicos y económicos. Cuando la voluntad popular amenaza esos intereses, la democracia es suprimida. Esto fue evidente en la “campaña de odio” contra EE.UU. en el mundo árabe, que el Consejo de Seguridad Nacional de Eisenhower reconoció como resultado del apoyo estadounidense a dictaduras y la obstrucción de la democracia y el desarrollo para mantener el control sobre recursos.
Bloqueo de la autodeterminación. El “virus” del nacionalismo independiente, como lo llamó Henry Kissinger, es una amenaza persistente.
- El derrocamiento del gobierno democrático de Salvador Allende en Chile (el “primer 11-S”) buscó impedir la expansión de la democracia socialista.
- EE.UU. apoyó la reconquista francesa de Indochina para evitar que el nacionalismo vietnamita independiente inspirara a otras naciones ricas en recursos como Indonesia.
- En la Primavera Árabe, EE.UU. y sus aliados apoyaron dictadores favoritos hasta que ya no pudieron mantener el control, para luego intentar restaurar los regímenes antiguos en la medida de lo posible.
Estas acciones muestran una clara preferencia por la estabilidad (conformidad a las demandas estadounidenses) sobre las aspiraciones democráticas genuinas.
Desprecio por la opinión pública. Las filtraciones de WikiLeaks revelaron que funcionarios estadounidenses priorizaban las opiniones de dictadores árabes sobre las de sus poblaciones, que ven mayoritariamente a EE.UU. e Israel como amenazas principales. De igual modo, en Turquía, el gobierno fue condenado por seguir la voluntad del 95% de su población que se oponía a la invasión de Irak. Esta constante desestimación de la opinión pública, tanto extranjera como doméstica, subraya el desprecio de las élites por la democracia auténtica y su compromiso con mantener el control.
7. Amenazas Existenciales: Guerra Nuclear y Catástrofe Ambiental Ignoradas
Por primera vez en la historia de la especie humana, hemos desarrollado claramente la capacidad de destruirnos a nosotros mismos.
Peligros sin precedentes. La humanidad enfrenta ahora dos amenazas existenciales: la guerra nuclear y la destrucción ambiental, ambas capaces de acabar con la existencia humana digna. A pesar de ello, los líderes mundiales, especialmente en las naciones más poderosas, han fallado en actuar con la rapidez o escala necesarias. El Reloj del Apocalipsis del Bulletin of the Atomic Scientists, a tres minutos de la medianoche, refleja esta realidad alarmante.
Exacerbación de las amenazas. Las políticas estatales, a menudo impulsadas por intereses élite a corto plazo, agravan activamente estos peligros.
- Armas nucleares: Desde la Guerra Fría temprana, se ignoraron oportunidades de desarme, y EE.UU. persiguió la expansión militar a pesar de su liderazgo. Incidentes como la Crisis de los Misiles en Cuba, la alerta nuclear de 1973 y el susto bélico de 1983 acercaron al mundo peligrosamente a la destrucción, a menudo por acciones imprudentes o fallos del sistema. Los planes actuales para modernizar el arsenal nuclear con un billón de dólares y la doctrina de “primacía estratégica” continúan aumentando los riesgos.
- Destrucción ambiental: EE.UU. y Canadá “corren a toda velocidad hacia la destrucción ambiental”, maximizando la extracción de combustibles fósiles. EE.UU. carece de una política nacional para restringir estos combustibles o establecer metas de energías renovables, en gran parte debido a poderosos intereses empresariales.
Este “cálculo moral” prioriza la ganancia inmediata sobre el destino de las generaciones futuras.
Desdén por la preocupación pública. A pesar de la significativa preocupación pública sobre el calentamiento global en EE.UU., la política está dictada por lobbies corporativos y un Partido Republicano que en gran medida niega el cambio climático. Los medios contribuyen a menudo a la confusión mediante una falsa doctrina de “justo y equilibrado”. Esta profunda desconexión entre la voluntad popular y la política, especialmente en la nación más poderosa, representa una grave amenaza para la supervivencia global.
8. Israel-Palestina: Rechazo Estadounidense y sus Consecuencias
Durante cuarenta años, Estados Unidos ha bloqueado el consenso internacional, y aún lo hace, pese a las cortesías diplomáticas.
Bloqueo de un acuerdo justo. EE.UU. ha liderado consistentemente el “campo rechazador” en el conflicto Israel-Palestina durante cuarenta años, bloqueando un consenso internacional para un arreglo de dos estados basado en la Línea Verde con garantías mutuas de seguridad. Esta postura, a menudo disfrazada con llamados a “negociaciones sin condiciones previas”, se basa en realidad en condiciones impuestas por EE.UU. e Israel diseñadas para asegurar la capitulación palestina o el estancamiento diplomático.
La “tercera opción”: Gran Israel. Mientras los comentaristas suelen presentar una elección binaria entre dos estados o un estado binacional, Israel, con apoyo inquebrantable de EE.UU., persigue activamente una “tercera opción”: un Gran Israel. Esto implica:
- Expansión sistemática de asentamientos ilegales e infraestructura en Cisjordania.
- Anexión de Jerusalén Mayor y el Valle del Jordán.
- Cantonización de las áreas palestinas restantes, aprisionándolas efectivamente.
- Separación de Gaza de Cisjordania, negando a los palestinos acceso externo.
Esta estrategia busca incorporar territorios valiosos de Cisjordania mientras minimiza la población palestina, evitando así un “problema demográfico” y cualquier lucha genuina por derechos civiles.
Alianza estratégica y factores internos. La política estadounidense está impulsada por el papel de Israel como aliado militar y estratégico altamente valorado, especialmente desde 1967, y por factores domésticos poderosos. El sionismo cristiano y el apoyo evangélico a Israel son significativos, especialmente dentro del Partido Republicano, que ha movilizado estas tendencias sociales. Estos factores, combinados con la marginación de los derechos palestinos (ya que los palestinos carecen de riqueza o poder para beneficiar la política estadounidense), aseguran el apoyo continuo de EE.UU. al expansionismo israelí, pese a la condena internacional y el impacto devastador sobre los palestinos.
9. La “Amenaza Iraní”: Una Obsesión Occidental al Servicio de Intereses Estratégicos
Una respuesta autorizada la brindan la inteligencia estadounidense y el Pentágono en sus revisiones regulares de seguridad global. Concluyen que Irán no es una amenaza militar.
Amenaza fabricada. La noción de Irán como “la amenaza más grave para la paz mundial” es principalmente una obsesión occidental, no compartida por la mayoría del mundo, incluyendo naciones no alineadas que apoyan el derecho iraní a enriquecer uranio bajo el TNP. La inteligencia estadounidense y el Pentágono reportan consistentemente que Irán no representa amenaza militar, tiene bajos gastos militares y su doctrina estratégica es defensiva, con cualquier programa nuclear sirviendo como disuasivo.
Protección de estados parias. La verdadera “amenaza iraní” es su potencial para desarrollar un disuasivo que limite la capacidad de estados parias regionales —principalmente EE.UU. e Israel, con Arabia Saudita aspirando a unirse— de apoyarse en la agresión y la violencia. Estos estados, que ellos mismos cometen acciones desestabilizadoras y abusos de derechos humanos, temen cualquier impedimento a su control unilateral de la región.
Sabotaje a soluciones diplomáticas. Washington ha saboteado repetidamente oportunidades para soluciones diplomáticas a la supuesta amenaza iraní.
- Bloqueo de
Resumen de reseñas
¿Quién gobierna el mundo? de Noam Chomsky ha recibido críticas mayormente positivas (4.05/5 estrellas) por su análisis crítico de la política exterior estadounidense y las estructuras de poder global. Los lectores valoran la documentación detallada que Chomsky ofrece sobre las intervenciones estadounidenses, la hipocresía y el apoyo a dictaduras. Muchos consideran que es una introducción accesible a su obra, aunque algunos señalan cierta repetitividad en los ensayos. El libro aborda amenazas nucleares, el cambio climático y el conflicto israelí-palestino. Los críticos aprecian su análisis de los medios de comunicación y la denuncia de los dobles estándares, aunque unos pocos opinan que su perspectiva es demasiado parcial o carece de soluciones prácticas. La mayoría lo recomienda para comprender el imperialismo y cuestionar las narrativas dominantes.
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