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La era de la responsabilidad

La era de la responsabilidad

Suerte, elección y el estado de bienestar
por Yascha Mounk 2017 288 páginas
3.66
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Ideas clave

1. La "Era de la Responsabilidad" Redefine un Concepto Fundamental

No es exagerado afirmar que hoy vivimos en una "era de la responsabilidad".

Una frase omnipresente. La expresión "responsabilidad personal" se ha vuelto un término común en el discurso público, presente en eslóganes electorales, discursos de graduación y libros de autoayuda en América y Europa. Aunque a menudo suena trivial, su auge ha impactado profundamente los debates filosóficos, la imaginación moral y la estructura misma de los estados de bienestar. Esta centralidad es un fenómeno relativamente reciente, que se ha impuesto con fuerza en las últimas tres décadas.

Una transformación radical. Históricamente, "responsabilidad" evocaba un deber de ayudar a otros o contribuir al bien colectivo. Sin embargo, la contemporánea "era de la responsabilidad" ha experimentado un cambio radical hacia la "responsabilidad como rendición de cuentas". Esta nueva comprensión enfatiza principalmente el deber individual de ser autosuficiente y asumir las consecuencias si no se logra, condicionando la ayuda colectiva a un comportamiento considerado "responsable".

Raíces intelectuales. Esta transformación no es solo retórica; está profundamente arraigada en cambios académicos.

  • Filosofía: El paso del consecuencialismo al contractualismo, y del igualitarismo "clásico" al de la suerte, introdujo conceptos como el "mérito institucional" y volvió la justicia sensible a las elecciones individuales.
  • Ciencias sociales: Campos como la sociología y la criminología pasaron de enfatizar determinantes estructurales a reconocer la agencia individual y el papel de los incentivos.
    Estos cambios académicos proporcionaron el andamiaje intelectual para el ascenso político de la "responsabilidad como rendición de cuentas".

2. El "Marco de la Responsabilidad" Genera Profundas Patologías

Este dilema sin salida es indicativo de uno de los problemas centrales de la era de la responsabilidad: la mayoría de los llamados a la importancia de la elección y la responsabilidad personal se basan en un juego de manos.

El dilema central. El "marco de la responsabilidad" opera sobre dos supuestos clave: primero, que la responsabilidad individual por un mal resultado disminuye su derecho a la asistencia pública; y segundo, que merecer ayuda depende de si uno es responsable de su necesidad. Este marco presenta un "atrapa-22": el concepto filosóficamente matizado de responsabilidad es demasiado complejo para aplicarse en la práctica, mientras que la versión simplista y políticamente conveniente es normativamente inverosímil.

Tres patologías profundas. Este marco, aunque aparentemente inocuo, conduce a problemas significativos:

  • Hipersensibilidad a la responsabilidad: Hace que nuestro trato hacia los demás dependa excesivamente de si los consideramos "responsables", ignorando otras razones para ayudar como la caridad, el interés público o deberes básicos de justicia.
  • Importación irrelevante: Introduce la cuestión de la responsabilidad en contextos donde es normativamente irrelevante, como la justicia penal o incluso los derechos homosexuales, empobreciendo nuestro vocabulario político y oscureciendo valores como la igualdad y la solidaridad.
  • Paternalismo hacia los desfavorecidos: Nos tienta a adoptar una visión excesivamente exigente de lo que constituye responsabilidad, negando o minimizando la agencia de los pobres, presentándolos como víctimas perpetuas en lugar de individuos capaces.

Un núcleo punitivo. La noción predominante de responsabilidad se ha reducido a un núcleo punitivo, usado principalmente para coaccionar un comportamiento "responsable" mediante la amenaza de castigo. Esta interpretación estrecha sofoca una visión más constructiva de la agencia individual y el apoyo colectivo, dificultando nuestra capacidad para abordar problemas sistémicos y empoderar efectivamente a los ciudadanos.

3. Los Estados de Bienestar Pasan de Amortiguar a Rastrear la Responsabilidad

En las últimas décadas, la responsabilidad personal se ha vuelto central en nuestra filosofía y política.

Erosión de la protección. A pesar de predicciones iniciales que los estados de bienestar resistirían recortes significativos, un análisis más detallado revela una clara erosión en la protección ciudadana frente a riesgos vitales. Esto no siempre ha sido por recortes legislativos evidentes, sino a menudo por "políticas ocultas" como:

  • Deriva: Las políticas permanecen sin cambios, pero su efecto disminuye con el tiempo (por ejemplo, la inflación que erosiona el valor de los beneficios).
  • Conversión: Las instituciones existentes se redirigen a nuevos fines (por ejemplo, criterios de elegibilidad más estrictos).
  • Superposición: Se añaden nuevas políticas sobre las antiguas, alterando sutilmente el régimen general.

De amortiguar a rastrear. Tradicionalmente, los estados de bienestar cumplían una función de "amortiguamiento de la responsabilidad", proporcionando bienes y servicios básicos independientemente del éxito en el mercado. Sin embargo, las reformas los han convertido cada vez más en "rastreadores de responsabilidad", alineando la asistencia con nociones populares de elección y esfuerzo individual. Esto implica:

  • Pensiones: Beneficios reducidos, aumento de la edad de jubilación y mayor dependencia de inversiones privadas gestionadas individualmente.
  • Subsidios por desempleo: Elegibilidad más estricta, requisitos de "trabajo social" y condiciones de conducta (por ejemplo, búsqueda activa de empleo, estilo de vida saludable).
  • Créditos fiscales: Programas como el Crédito por Ingreso del Trabajo (EITC) premian el empleo y penalizan a quienes están desempleados.

Papel intensificado de la responsabilidad personal. Estos cambios significan que la seguridad financiera en la vejez, el acceso a apoyos por desempleo e incluso la elegibilidad para asistencia básica dependen mucho más de las elecciones y atributos "responsables" percibidos. Esta transformación es evidente en América del Norte y Europa Occidental, remodelando fundamentalmente el contrato social.

4. Las Defensas del Rastreo de Responsabilidad Resultan Insuficientes

La afirmación de que las personas tienen el deber de contribuir a la sociedad y responsabilizarse de su destino no es inverosímil. Pero las defensas de la condicionalidad basadas en la reciprocidad fallan, porque este deber solo es moralmente relevante cuando las condiciones de fondo permiten que todos se beneficien adecuadamente del esquema social existente.

Limitaciones de la reciprocidad. Una defensa común de la reforma del bienestar es el ideal de reciprocidad: si la sociedad brinda apoyo, los individuos deben contribuir. Sin embargo, este argumento se aplica injustamente porque rara vez se cumplen las "condiciones sociales para imponer condiciones":

  • Nivel de vida digno: El trabajo a menudo no garantiza un nivel de vida decente.
  • Oportunidades adecuadas: No hay suficientes empleos buenos y muchos son explotadores.
  • Valoración equitativa del trabajo: El cuidado, frecuentemente realizado por mujeres, está infravalorado.
  • Aplicación universal: Los "ricos ociosos" no enfrentan las mismas exigencias que los "pobres ociosos".
    Sin estas condiciones, exigir trabajo o imponer sanciones a los vulnerables es hipócrita e injusto.

Aplicación errónea de la igualdad. El igualitarismo de la suerte, que busca compensar la mala suerte pero no las malas elecciones, también se invoca para justificar el rastreo de responsabilidad. Sin embargo, esto es un mal uso:

  • Medidas burdas: Los sistemas reales de bienestar usan medidas toscas de "responsabilidad" (por ejemplo, éxito laboral pasado, habilidad para navegar la burocracia) que poco se parecen a las sutiles distinciones filosóficas entre suerte bruta y suerte de opción.
  • Ignorancia de la sutileza filosófica: Los propios igualitaristas de la suerte probablemente dudarían de aplicar sus teorías a sistemas reales, incapaces de evaluar con precisión factores complejos como conjuntos iniciales de opciones o gustos caros no elegidos.

Deficiencias normativas. El giro hacia instituciones que rastrean la responsabilidad conlleva costos normativos significativos:

  • Revelación humillante: Procesos degradantes obligan a las personas a probar que "no merecen" la ayuda.
  • Paradoja del estado de bienestar: Estos procesos disuaden a quienes califican de solicitar ayuda.
  • Pérdida de previsibilidad: La condicionalidad creciente genera ansiedad y dificulta planificar el futuro, incluso para elecciones "responsables".
  • Explosión de la responsabilidad: Más elecciones (por ejemplo, inversiones en pensiones, deudas estudiantiles) implican más culpa por resultados "malos", dificultando evitar apuestas ruinosas en una economía cada vez más riesgosa.

5. La "Negación de la Responsabilidad" Resulta Ineficaz

La negación de la responsabilidad ha sido una respuesta ineficaz a la era de la responsabilidad: dejó intacta la supuesta importancia normativa de las elecciones pasadas del individuo, sin convencer a los responsables políticos ni al público de que la mayoría no es responsable de la mayoría de sus acciones.

Contraargumento de izquierda. Frente al marco punitivo de la responsabilidad, la izquierda suele responder negando que los individuos sean realmente responsables de sus acciones o resultados. Esta "negación de la responsabilidad" sostiene que factores estructurales, injusticias históricas o diversas formas de "suerte moral" (de resultado, circunstancial, constitutiva, causal) determinan en gran medida el destino de las personas, haciendo inapropiada la culpa individual.

Exceso filosófico. Aunque basada en fuertes intuiciones sobre la justicia, esta estrategia eleva tanto el listón de la responsabilidad que se vuelve filosóficamente problemática:

  • Disuelve la agencia: Una aplicación consistente del "principio sin suerte" (que solo somos moralmente evaluables por factores bajo nuestro control) disolvería el concepto mismo de responsabilidad moral, pues casi todo, desde nuestro carácter hasta nuestras circunstancias, está influido por factores fuera de nuestro control.
  • Impracticabilidad: Requeriría una revisión radical de todos los sistemas de recompensa y castigo, algo inviable y contrario a prácticas morales profundamente arraigadas.

Inutilidad política. La negación de la responsabilidad también fracasa políticamente:

  • Contraria a la intuición de los votantes: La mayoría cree intuitivamente en la agencia individual y la responsabilidad por acciones como el esfuerzo o el delito. Convencerlos de lo contrario es difícil.
  • Cede terreno normativo: Al centrarse solo en si alguien es responsable, acepta implícitamente que si fuera responsable, su derecho a ayuda disminuiría. Esto se ve en debates como los derechos homosexuales, donde argumentar "nací así" concede que si la homosexualidad fuera elección, podría ser censurable.

Una estrategia equivocada. Este enfoque es filosóficamente erróneo y políticamente ineficaz. Deja intacta la suposición normativa central del "marco de la responsabilidad" y no persuade al público de que los individuos no son responsables de sus vidas.

6. La Responsabilidad Moral Puede Sobrevivir al Desafío de la Suerte

Simplemente no eximimos a alguien de culpa o mérito por un acto porque pensemos que no pudo actuar de otra manera.

El "argumento básico" de la imposibilidad. El "argumento básico" de Galen Strawson sostiene que la responsabilidad moral última es imposible porque no podemos ser responsables de "cómo somos", lo que conduce a un regresivo infinito. Este argumento, vinculado al determinismo causal, sugiere que si nuestras acciones están predeterminadas, no podemos ser moralmente responsables.

Casos Frankfurt y la visión de Dennett. Sin embargo, filósofos como Harry Frankfurt y Daniel Dennett desafían esto:

  • Casos Frankfurt: Demuestran que podemos ser moralmente responsables de una acción incluso si "no pudimos hacer otra cosa", siempre que la acción provenga de nuestros propios procesos mentales y no de una coacción externa. Esto desplaza el foco de las posibilidades alternativas a la fuente de la acción.
  • La confesión de Lutero: Dennett destaca el "no puedo hacer otra cosa" de Martín Lutero como el máximo de la responsabilidad, no una renuncia. Cuando las acciones fluyen inevitablemente de quiénes somos, son más propias, no menos.

Más allá del control causal. Estas ideas sugieren que los fundamentos filosóficos para exigir control causal sobre nuestras acciones para ser moralmente responsables son más débiles de lo que se piensa. En cambio, las "teorías de encaje" (como las voliciones de primer y segundo orden de Frankfurt) o el "control de capacidad" (la habilidad de Dworkin para formar creencias verdaderas y tomar decisiones coherentes con la personalidad normativa) ofrecen explicaciones más plausibles para la responsabilidad moral y las condiciones de excusa. Estas teorías explican por qué no culpamos a alguien drogado o delirante, sin llegar a la conclusión radical de que la mayoría de las acciones están fuera de evaluación moral.

7. Los Individuos Valoran Intrínsecamente la Responsabilidad Sobre Sí Mismos

Lo que realmente importa a las personas no es solo el hecho estrecho de proveerse los medios materiales para vivir, sino el—estrechamente relacionado pero crucialmente distinto—sentido de tener verdadera agencia sobre sus propias vidas.

Más allá de la mera autosuficiencia. Una concepción positiva de la responsabilidad reconoce que las personas valoran asumir responsabilidad sobre sí mismas no solo para evitar la dependencia, sino por razones más profundas relacionadas con la agencia y la autodeterminación. Este deseo se manifiesta de tres maneras, que recuerdan a la "significancia de la elección" de T. M. Scanlon:

  • Valor instrumental: Las personas quieren que sus elecciones afecten directamente los resultados, como elegir su propio apartamento o comida, porque se alinean con sus preferencias y aumentan la satisfacción. Los sistemas de bienestar a menudo limitan esta autonomía.
  • Valor demostrativo: Los individuos desean que sus acciones reflejen sus valores, gustos y actitudes. Elegir un trabajo, por ejemplo, les permite expresar quiénes son y qué les importa.
  • Valor simbólico: Ser vistos como capaces de tomar decisiones y proveerse a sí mismos confiere estatus y respeto propio. La incapacidad para hacerlo puede generar sentimientos de insuficiencia y vergüenza, independientemente de la provisión material.

La importancia prospectiva de la agencia. Este deseo de responsabilidad propia también se extiende al futuro. Las personas valoran la confianza de poder moldear su porvenir y controlar su destino. Investigaciones en psicología social muestran que:

  • La inseguridad laboral y la escasez aumentan significativamente el estrés y afectan las capacidades cognitivas.
  • Anticipar el estrés puede ser peor que el evento mismo.
    Esto crea un círculo vicioso donde las políticas punitivas, al aumentar la inseguridad, socavan la agencia que pretenden fomentar. Empoderar a las personas para asumir responsabilidad implica fortalecer su sentido de control y reducir la ansiedad ante incertidumbres futuras.

8. Asumir Responsabilidad por Otros es Crucial para el Florecimiento Humano

Es absurdo exigir a tal hombre, cuando llegan las sumas de la red de servicios que los proyectos de otros han determinado en parte, que simplemente abandone su propio proyecto y decisión para reconocer la decisión que el cálculo utilitarista requiere. Eso lo aliena en un sentido real de sus acciones y la fuente de su acción en sus propias convicciones. Lo convierte en un canal entre la entrada de los proyectos de todos, incluido el suyo, y una salida de decisión optimificadora; pero esto descuida hasta qué punto sus proyectos y decisiones deben verse como las acciones y decisiones que fluyen de los proyectos y actitudes con los que se identifica más estrechamente. Es, en el sentido más literal, un ataque a su integridad.

Más allá del "yo despojado". Una concepción positiva de la responsabilidad debe reconocer la profunda necesidad humana de asumir responsabilidades por otros. Críticos de la filosofía liberal, como Michael Sandel, sostienen que el "yo despojado" no contempla los "fines constitutivos"—los lazos profundos con la familia, comunidad y nación que definen nuestra identidad y no pueden abandonarse por mera elección. Estas responsabilidades hacia otros son fundamentales para una sociedad liberal próspera.

La integridad de los proyectos. La crítica de Bernard Williams al utilitarismo destaca otro aspecto crucial: nuestro compromiso con "proyectos" particulares. Son causas sustantivas—artísticas, políticas, caritativas—que dan sentido a nuestras vidas y con las que nos identificamos profundamente. Un marco moral que exige abandonar estos proyectos por un cálculo utilitarista "nos aliena" de nuestras acciones y ataca nuestra "integridad".

Un compromiso multifacético. Asumir responsabilidad por otros abarca:

  • Cuidado interpersonal: Ser considerado con amigos y familia.
  • Roles sociales: Aceptar los deberes de cónyuge, padre o dueño de mascota.
  • Proyectos de vida: Dedicarse a causas más allá del interés personal.
    Ignorar estas preocupaciones externas empobrece nuestra comprensión del valor humano y la identidad. Una concepción rica y positiva de la responsabilidad debe dar espacio a estos compromisos, reconociendo su importancia para el bienestar individual y la cohesión social.

9. Atribuir Responsabilidad a Otros Fomenta Relaciones Significativas e Igualdad

Pensar en nuestros conciudadanos como incapaces de responsabilizarse es pensar en ellos como de estatus inferior.

Las relaciones requieren responsabilidad. Peter Strawson argumentó que las "actitudes reactivas" como el elogio, la culpa y el perdón son esenciales para relaciones humanas significativas—amistad, amor, compañerismo. Si no podemos responsabilizar a otros por sus acciones, estas relaciones, basadas en expectativas y actitudes mutuas, se vuelven imposibles. T. M. Scanlon profundiza mostrando que la culpa surge cuando la conducta daña la "relación fundamental" de justificación mutua.

Razones igualitarias para la responsabilidad mutua. Considerar a otros responsables es crucial para lograr una sociedad verdaderamente igualitaria, más allá de la igualdad material:

  • Igualdad de estatus: Negar la capacidad de responsabilidad marca a otros como inferiores. Una sociedad que considera a algunos incapaces de autosuficiencia crea una clase degradada, minando su igualdad.
  • Evitar la dominación: Si algunos se ven incapaces de identificar sus intereses, es fácil justificar decisiones políticas en su nombre, arriesgando paternalismo y dominación por parte de los "responsables".
  • Igualdad de oportunidades: Aunque no constitutiva, creer que otros son indefensos puede llevar a la complacencia respecto a la educación y movilidad social genuinas.

Más allá de la lástima. Una sociedad que ve a sus miembros más vulnerables como inocentes pero indefensos objetos de lástima, en lugar de agentes capaces, no puede fomentar igualdad genuina. El reconocimiento mutuo de responsabilidad es requisito para que los ciudadanos se relacionen como iguales, sosteniendo el tejido de una comunidad justa y respetuosa.

10. Superar las Nociones Preinstitucionales de Responsabilidad

En un notable cambio de perspectiva, el estado de bienestar ya no se ve como una institución con propósitos propios. En cambio, se presenta como una simple sirvienta de las atribuciones de mérito: su función es premiar a los virtuosos y castigar a los indignos.

El problema del pensamiento preinstitucional. El discurso actual sobre responsabilidad es "preinstitucional" o "prepolítico". Asume una medida objetiva y preexistente de mérito (quién es "realmente" responsable de qué) que instituciones como el estado de bienestar solo deben rastrear. Este enfoque confunde tres preguntas distintas:

  • ¿Por qué acciones/cualidades es responsable un agente? (por ejemplo, mens rea)
  • ¿Por qué resultados es responsable? (por ejemplo, umbral bajo: una causa contribuyente = responsabilidad por el resultado)
  • ¿Cómo debe esta responsabilidad afectar nuestro trato hacia él? (por ejemplo, umbral bajo: responsabilidad por necesidad = reducción de asistencia)
    Esta concepción punitiva reduce el estado de bienestar a un mecanismo para repartir "justos merecimientos", ignorando sus fines más amplios.

El giro político de Rawls. John Rawls sostuvo que las instituciones se justifican políticamente, no prepolíticamente. Las "expectativas legítimas" (por ejemplo, el salario de un médico) surgen de reglas institucionales diseñadas para fines sociales, no de un mérito inherente y preexistente. De modo similar, la responsabilidad por resultados no debe basarse en la causalidad abstracta, sino en expectativas institucionales.

No hay responsabilidad preinstitucional por resultados. La pregunta de quién es responsable de un resultado (por ejemplo, la muerte de un niño por omisión parental) depende de expectativas sociales sobre deberes, no solo de causalidad física. Sin referencia a estas expectativas normativas, una explicación puramente causal de la responsabilidad es incoherente o demasiado amplia. Por ello, debemos rechazar la idea de responsabilidad preinstitucional por resultados y preguntar: "¿Quién, a la luz de nuestros valores y hechos empíricos, tenemos razones para responsabilizar por esos daños?"

11. Una Concepción Positiva de la Responsabilidad para una Política Pública Empoderadora

La expansión de la responsabilidad es un objetivo digno de la política pública—pero solo si reinterpretamos la responsabilidad como un ideal constructivo, diseñando instituciones que empoderen a los ciudadanos para asumir la responsabilidad que desean.

Desvincular responsabilidad y rendición de cuentas. Una concepción institucional positiva de la responsabilidad desafía el vínculo automático entre ser responsable de un resultado y ser sancionado por ello. Así como la responsabilidad objetiva castiga a dueños de fábricas independientemente de culpa para incentivar la seguridad, las políticas de bienestar deben considerar valores más amplios que el mérito individual. El propósito de las instituciones que rastrean responsabilidad no es solo el castigo, sino sostener instituciones que sirvan a un conjunto de valores.

Diseño de políticas basado en valores. Este enfoque prioriza:

  • Externalidades positivas: Menos rastreo de responsabilidad puede generar beneficios como mejor salud pública y crecimiento económico (por ejemplo, proveer salud a los pobres).
  • Reducción de la carga mental: Las instituciones deben ofrecer previsibilidad y reducir el estrés, fomentando el bienestar mental y la capacidad cognitiva.
  • Sociedad de iguales: Evitar crear una clase degradada de "irresponsables" y asegurar que la ayuda no humille a sus beneficiarios.
  • Facilitar responsabilidades significativas: Apoyar a los ciudadanos en el trabajo, el cuidado y proyectos personales que dan sentido a sus vidas.

Expectativas empoderadoras, no punitivas. Aunque la condicionalidad puede ser necesaria para la sostenibilidad, debe basarse en expectativas legítimas derivadas del debate democrático y valores reflejados, no en tradiciones arbitrarias. La política debe:

  • Fomentar la responsabilidad: Incentivar la agencia mediante educación y modelos a seguir, reconociendo que la mayoría quiere ser responsable.
  • Proveer prerrequisitos: Atender barreras estructurales como mala educación y falta de oportunidades económicas.
  • Diseñar programas empoderadores: Pasar de amenazas punitivas a alianzas de apoyo (por ejemplo, el "workfare con bienestar" danés se enfoca en habilidades y empoderamiento, logrando mejores resultados que modelos punitivos).

Este cambio conceptual nos permite superar una visión estrecha y centrada en la culpa, abriendo nuevas posibilidades para políticas públicas que realmente empoderen a los ciudadanos y construyan un futuro más justo.

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Resumen de reseñas

3.66 de 5
Promedio de 82 valoraciones de Goodreads y Amazon.

La Era de la Responsabilidad analiza cómo los estados de bienestar occidentales han ido centrando su atención cada vez más en una responsabilidad personal punitiva, dejando de lado los valores institucionales. Mounk sostiene que tanto la izquierda como la derecha exigen rendición de cuentas a los beneficiarios de la asistencia social, diferenciándose únicamente en los umbrales de exigencia. Propone una "concepción positiva de la responsabilidad" que pone el énfasis en la capacidad de acción y el apoyo institucional, en lugar de en la culpa. Los críticos valoran la profundidad filosófica y la claridad del razonamiento, aunque muchos señalan que el estilo denso y académico dificulta su lectura. La mayoría aprecia el argumento matizado de Mounk para replantear la responsabilidad más allá de la mera rendición de cuentas individual, aunque algunos lo consideran tedioso o demasiado erudito para un público general.

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Sobre el autor

Yascha Mounk es un escritor, académico y conferencista nacido en Alemania, especializado en democracia y valores liberales. Obtuvo su licenciatura en Trinity College de Cambridge y su doctorado en Harvard, y actualmente enseña en la Universidad Johns Hopkins. Es editor colaborador en The Atlantic, miembro senior del Council on Foreign Relations y fundador de Persuasion. Mounk ha escrito cinco libros que abordan temas como la democracia, la política identitaria, la diversidad y la filosofía del estado de bienestar. Su trabajo se publica en importantes medios internacionales como The New York Times, Wall Street Journal, Die Zeit, entre otros. Además, es el conductor del podcast The Good Fight.

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