Ideas clave
1. Ignorar la historia: una táctica de los poderosos
Olvidar el pasado implica olvidar el futuro, pues el primero contiene aspiraciones y esperanzas en gran medida justificadas, que podrían concretarse en el segundo si se les presta atención.
La agenda de los poderosos. Quienes ocupan posiciones dominantes suelen exigir que se olvide el pasado, diciendo en esencia: “He alcanzado mis objetivos, así que dejen de preocuparse. Simplemente tomaré lo que necesito.” Esta táctica se emplea universalmente para desestimar aspiraciones legítimas y esperanzas de un futuro distinto, especialmente en relación con la Nakba palestina de 1948. Olvidar el pasado significa renunciar al futuro, pues la historia es la clave para comprender las injusticias presentes y moldear las posibilidades venideras.
El pasado como obstáculo. En el conflicto israelí-palestino, el pasado suele ser tratado como un estorbo incómodo por quienes manejan el “proceso de paz”. Los negociadores tienden a definir el pasado relevante solo desde el inicio de dicho proceso, ignorando eventos fundacionales como la limpieza étnica de 1948. Esta amnesia selectiva permite perpetuar el statu quo, donde, por ejemplo, la demolición de asentamientos ilegales se considera impensable.
Fenómeno universal. Esta amnesia selectiva no es exclusiva del conflicto israelí-palestino; es un arma universal de los poderosos. El presidente Obama, por ejemplo, instó a los estadounidenses a “olvidar los crímenes cometidos, la invasión de Irak, y seguir adelante”, lo que en la práctica significa continuar actuando como antes. Este enfoque legitima acciones en curso al borrar su contexto histórico y consecuencias, asegurando que los poderosos mantengan sus ganancias sin rendir cuentas.
2. Sionismo: un proyecto colonial, no solo una ideología
Casi desde el inicio del proyecto sionista en Palestina, esta ideología sostiene esencialmente que el judaísmo, como movimiento nacional, tiene el derecho y la ambición de poseer la mayor parte posible de una Palestina donde deberían vivir la menor cantidad posible de palestinos.
Pilar fundamental del sionismo. El sionismo, como ideología, ha buscado consistentemente adquirir la mayor porción posible de Palestina con el menor número posible de palestinos, requisito indispensable para establecer un nuevo hogar judío. Este principio básico se ha mantenido constante, aunque los métodos de colonización se han adaptado a las circunstancias y dinámicas de poder cambiantes. La población indígena siempre ha sido vista como un obstáculo para el éxito del proyecto.
Empresa colonial de colonos. El establecimiento de judíos en Palestina es indudablemente un movimiento colonial de colonos, similar a la formación de Estados Unidos, Australia y otras naciones anglosajonas. Este contexto histórico es crucial, pues explica el apoyo intuitivo que Israel recibe de estos países, basado en una mentalidad compartida de “nosotros lo hicimos, así que debe estar bien”. Esta perspectiva suele justificar el desplazamiento o exterminio de poblaciones indígenas mediante nociones de superioridad civilizatoria.
Definición en evolución. El significado del sionismo ha evolucionado notablemente. Antes de 1948, abarcaba visiones diversas, incluyendo quienes defendían un centro cultural o una Palestina socialista y binacional, sin necesariamente apoyar un estado judío. Sin embargo, tras 1948, el sionismo se convirtió en una ideología estatal, una “religión de estado”, adaptándose a las necesidades del estado al crear obstáculos cada vez más insalvables para acuerdos políticos, como la exigencia de reconocer a Israel como “Estado judío”.
3. El “Estado judío”: una aberración que justifica la discriminación
La noción de Estado judío es una aberración total. No tiene análogo en el mundo moderno.
Concepto anómalo. La idea de un “Estado judío” es una anomalía en el mundo moderno, sin paralelos en sistemas políticos contemporáneos. A diferencia de Francia, donde todo ciudadano es francés independientemente de su origen, Israel distingue entre ciudadanía y nacionalidad, negando la existencia de una “nacionalidad israelí”. Esto permite la discriminación sistemática contra ciudadanos no judíos, quienes no son considerados miembros iguales del estado.
Herramienta de represión. Esta definición única funciona como un poderoso instrumento para suprimir críticas. Cualquier cuestionamiento a Israel se presenta como un ataque al “Estado judío” y, por extensión, al judaísmo mismo, silenciando efectivamente la disidencia y otorgando a Israel inmunidad frente a la rendición de cuentas. Esta táctica impide centrar la atención en la naturaleza intrínseca del régimen y su ideología racista, desviando el foco hacia acusaciones de antisemitismo.
La exigencia de Netanyahu. Cuando líderes como Netanyahu demandan que los palestinos reconozcan a Israel como “Estado judío”, imponen una condición imposible. Ningún estado tiene un “derecho a existir” que requiera que otro pueblo legitime su propia opresión y exclusión. Esta exigencia es una barrera deliberada para la paz, diseñada para asegurar que las negociaciones fracasen y que Israel pueda continuar sus políticas expansionistas.
4. El Holocausto: una narrativa manipulada para la complicidad occidental
Consternados por su descubrimiento de los campos de concentración, no dijeron “Salvemos a los sobrevivientes”, sino más bien “Hagamos que otras personas paguen el precio por salvar a los sobrevivientes”.
No la única causa. Aunque el Holocausto influyó sin duda en el momento y la urgencia de la creación de Israel, no fue la única causa. Instituciones nacionales fuertes, fuerza militar y un apoyo significativo de estados poderosos (impulsado por el sionismo cristiano y los intereses imperiales) ya estaban en marcha. Las autoridades del Mandato Británico facilitaron activamente el desarrollo de instituciones nacionales judías en Palestina, indicando una trayectoria previa hacia la formación del estado.
Manipulación posguerra. La narrativa del Holocausto fue en gran medida manipulada en el período inmediato posterior a la guerra. A pesar de las condiciones horribles de los sobrevivientes de los campos de concentración, las naciones occidentales, especialmente Estados Unidos, se negaron en gran medida a aceptarlos. En cambio, emisarios sionistas dirigieron a estos refugiados hacia Palestina, a menudo en contra de sus preferencias. El Holocausto se usó principalmente como herramienta para condenar al enemigo, no como llamado a una acción humanitaria universal.
Complicidad occidental. Este episodio histórico revela una mentalidad imperialista profunda en Occidente: disposición a reconocer el sufrimiento, pero reticencia a asumir el costo de aliviarlo, prefiriendo que otros paguen el precio. Esta complicidad, arraigada en sentimientos antiárabes y antimusulmanes, permitió el triunfo del sionismo judío al alinearlo con intereses imperiales y teológicos occidentales, marginando efectivamente los derechos y la existencia de la población palestina indígena.
5. El derecho al retorno: núcleo innegociable de la justicia palestina
La noción de limpieza étnica asegura que el derecho fundamental de los expulsados a regresar no sea olvidado, aunque Israel no deje de violarlo.
Clave para la justicia. El derecho al retorno de los refugiados palestinos es una cuestión fundamental de justicia, no solo un punto de negociación. Incluye tanto el reconocimiento simbólico de los agravios pasados como reparaciones prácticas. La firme negativa de Israel a este derecho proviene de una ideología racista que prioriza la supremacía y privilegio judíos, más que de preocupaciones prácticas demográficas.
Más allá de las negociaciones. Para los activistas, el derecho al retorno está intrínsecamente ligado a la legitimidad moral del sionismo y a la naturaleza del estado judío contemporáneo. Destaca que la negativa de Israel no se basa en la viabilidad del retorno, sino en mantener un estado étnicamente exclusivo. Por ello, la lucha contra el racismo debe ir más allá del mero reconocimiento o disculpas, exigiendo una reevaluación fundamental de la identidad israelí.
Un principio universal. Defender el derecho al retorno no es una demanda revolucionaria, sino una adhesión a principios universales del derecho internacional, que reconocen el derecho de los refugiados a regresar a sus hogares tras un conflicto. La comunidad internacional, incluida la ONU (Resolución 194), ha afirmado este derecho. Abandonarlo, como ha hecho la “vieja ortodoxia pacifista”, traiciona valores humanistas fundamentales.
6. La elección de Israel: expansión sobre seguridad conduce al aislamiento
En 1971, Israel tomó una decisión que considero la más determinante de su historia. Egipto le había presentado un tratado de paz en regla. El gobierno israelí de Golda Meir lo evaluó y rechazó, porque contemplaba la colonización del Sinaí.
Decisión fatídica. En 1971, Israel optó por priorizar la expansión sobre la seguridad al rechazar un tratado de paz completo con Egipto para colonizar el Sinaí. Esta decisión sentó un precedente, con Israel eligiendo consistentemente la expansión territorial sobre la seguridad genuina, lo que lo ha llevado a un camino de creciente aislamiento y estatus de “estado paria”, similar al apartheid sudafricano.
Dependencia del apoyo estadounidense. La capacidad de Israel para mantener esta política, pese a la condena internacional, depende enteramente del apoyo inquebrantable de Estados Unidos. Al igual que Sudáfrica, Israel sabe que mientras Washington lo proteja, la desaprobación global carece de consecuencias. Esta dependencia de un poderoso patrocinador le permite ignorar el derecho y la opinión internacional con impunidad.
Erosión de la legitimidad. Este camino es inherentemente autodestructivo. Aunque los líderes israelíes expresan preocupación por la “deslegitimación”, continúan políticas que conducen a la degeneración moral y eventual autodestrucción. La pérdida de apoyo, especialmente entre las generaciones jóvenes en EE. UU., refleja el cambio eventual en la política estadounidense hacia Sudáfrica, sugiriendo que este vital sostén externo no es inmutable.
7. Gaza: un genocidio progresivo bajo complicidad internacional
En un artículo escrito en septiembre de 2006 para la revista electrónica Electronic Intifada, califiqué la política israelí hacia la Franja de Gaza como genocidio progresivo.
Privación calculada. La política de Israel hacia Gaza, caracterizada como “genocidio progresivo”, implica una estrategia calculada de muerte masiva y destrucción, derivada de su enfoque más amplio hacia Palestina. La estrategia de “calma por calma” significa mantener un bloqueo cruel y hacer que la supervivencia diaria de la población sea una lucha constante, mientras Israel continúa su expansión en Cisjordania. Esta política busca reducir la población palestina al mínimo mediante asfixia económica y confinamiento geográfico.
Guetización y resistencia. La situación geopolítica única de Gaza, especialmente desde principios de los 2000, ha llevado a su guetización, con la esperanza de que sus 1.8 millones de habitantes simplemente desaparecieran. Sin embargo, el gueto ha resistido, negándose a sucumbir a la asfixia económica, el aislamiento y la miseria. Cuando surge esta resistencia, Israel responde con fuerza militar abrumadora, provocando ataques repetidos y devastadores que son inherentemente genocidas en su efecto acumulativo.
Complicidad internacional. La respuesta tibia de la comunidad internacional a estas atrocidades, que a menudo acepta la narrativa de autodefensa israelí, es un factor crítico. Las élites occidentales, incluidos gobiernos y medios dominantes, continúan otorgando inmunidad a Israel, incluso solicitando a la Corte Penal Internacional que no investigue sus crímenes de guerra. Esta doble vara, donde se toleran los crímenes israelíes mientras se condenan atrocidades similares en otros lugares, permite la deshumanización y el sufrimiento continuos en Gaza.
8. El “proceso de paz”: una cobertura engañosa para el despojo continuo
El marco de las negociaciones simplemente sirvió de cobertura para estas políticas.
Una farsa para la expansión. Desde la perspectiva de EE. UU. e Israel, el “proceso de paz” es un medio para que Israel continúe desmembrando Cisjordania, mantenga el bloqueo de Gaza y ocupe los Altos del Golán sirios, todo con el respaldo de Washington. Las dos décadas desde los Acuerdos de Oslo han demostrado que las negociaciones solo ofrecen una cortina de humo para estas políticas unilaterales de colonización y anexión.
Opciones limitadas de la Autoridad Palestina. La Autoridad Palestina (AP) participa en esta farsa por desesperación y falta de alternativas viables. Su financiamiento y legitimidad dependen de su compromiso con el proceso liderado por EE. UU. Rechazar las llamadas de Washington a negociar pondría en riesgo su apoyo externo, aunque su liderazgo disfrute de un estilo de vida cómodo en medio de una sociedad en ruinas. Esto crea una “sociedad schnorrer” dependiente de la ayuda externa.
Legitimación del Gran Israel. La “solución de dos estados”, tal como la interpretan Israel y sus apoyos internacionales, legitima efectivamente la creación de un “Gran Israel”. Esta versión dejaría una entidad palestina fragmentada y no viable, mientras Israel anexa territorios clave como el Valle del Jordán, Jerusalén ampliada y los principales bloques de asentamientos. Este marco engañoso permite a Israel perseguir sus objetivos expansionistas bajo la apariencia de buscar la paz, con bendición internacional.
9. BDS: la presión externa estratégica es clave para el cambio
¿Va la campaña BDS en esta dirección? Podría. Hasta ahora, sin embargo, su contribución ha sido más bien escasa, incluso perjudicial, debido a la forma en que se ha llevado a cabo.
Pragmatismo ético. Los activistas deben equilibrar principios éticos con consideraciones pragmáticas, enfocándose en acciones que realmente ayuden a los palestinos en lugar de solo satisfacer su propia conciencia. El movimiento antiapartheid sirve como modelo, al atacar políticas específicas mientras construye un amplio apoyo público. Acciones como boicotear productos de asentamientos ilegales son efectivas porque impactan directamente la ocupación y son fácilmente comprendidas por el público.
Apuntar a la complicidad estadounidense. Una debilidad crítica de la campaña BDS ha sido su incapacidad para dirigirse adecuadamente a Estados Unidos, cuyo apoyo es absolutamente esencial para las políticas israelíes. Así como la presión popular finalmente obligó a EE. UU. a abandonar el apartheid sudafricano, un esfuerzo concertado para desafiar el respaldo militar, económico, diplomático e ideológico de Washington a Israel es crucial para cualquier cambio significativo.
Imperativo educativo. Las campañas BDS efectivas requieren un fuerte componente educativo para explicar su razón de ser al público general. Sin esto, las acciones pueden ser contraproducentes, desviando la atención de los crímenes israelíes y la complicidad estadounidense hacia debates sobre libertad académica o antisemitismo, como ocurrió con la resolución de la American Studies Association. Enfocarse en casos específicos y bien documentados de complicidad, como el campus Ariel de la Universidad Bar-Ilan, sería más impactante.
10. La sociedad israelí: profundamente adoctrinada, pero con grietas internas
La apisonadora del adoctrinamiento amalgamó la vieja fobia judía europea hacia los gentiles con las angustias típicas del colono hacia el autóctono para crear una aterradora variante local del racismo.
Adoctrinamiento generalizado. La sociedad israelí está profundamente adoctrinada, desde el nacimiento hasta la muerte, mediante un sistema no coercitivo pero intensivo que fusiona fobias judías históricas con ansiedades coloniales hacia las poblaciones indígenas. Esto genera un racismo profundamente arraigado y a menudo extremo que dificulta enormemente el cambio interno. El ciclo constante de violencia refuerza la creencia de que sus acciones están justificadas, dificultando distinguir entre la violencia misma y sus causas profundas.
Polarización económica. A pesar de la cohesión ideológica, Israel enfrenta crecientes desafíos internos, especialmente la polarización económica. La clase media se reduce y la riqueza se concentra cada vez más, lo que genera malestar social. Aunque protestas pasadas, como las de la avenida Rothschild, evitaron el tema palestino, la fragilidad socioeconómica subyacente podría eventualmente socavar la estabilidad estatal, pues ni siquiera un adoctrinamiento ideológico intenso puede ocultar indefinidamente las dificultades económicas.
Señales de disidencia. A pesar del chauvinismo y etnocentrismo abrumadores, una minoría pequeña pero creciente de jóvenes israelíes cuestiona el sionismo y participa en nuevas formas de activismo, como Anarquistas Contra el Muro y New Profile. Aunque aún no es un movimiento masivo, su aparición, junto con la presión externa, ofrece un atisbo de esperanza para un futuro distinto. El aumento de israelíes que buscan pasaportes dobles también sugiere una conciencia subyacente sobre la viabilidad precaria del estado a largo plazo.
11. La solución de un solo estado: una visión ética para un futuro compartido
No tiene sentido pensar en una solución de dos estados. Más bien, hay que encontrar maneras de redefinir las relaciones entre comunidades y hacer mover a los poderes establecidos.
Más allá de la ilusión de dos estados. La “solución de dos estados” se ha vuelto un marco obsoleto y engañoso, que sirve principalmente para legitimar el proyecto expansionista de Israel. Dadas las realidades sobre el terreno —un solo estado no democrático y de tipo apartheid ya existente— el enfoque debe cambiar de una negociación inútil de dos estados a transformar las estructuras de poder existentes y redefinir las relaciones entre comunidades.
Imperativo ético. La solución de un solo estado, basada en el principio de igualdad plena y derechos civiles para todos los habitantes, incluido el derecho al retorno de los refugiados palestinos, representa el camino más racional y humanista. Desafía los cimientos racistas del “Estado judío” y vislumbra un futuro compartido donde todas las personas, sin importar etnia o religión, puedan convivir con dignidad y cooperación.
Un nuevo léxico. Esto requiere
Resumen de reseñas
Sobre Palestina, escrito por Chomsky y Pappé, analiza el conflicto israelí-palestino desde la perspectiva del colonialismo de asentamiento y la limpieza étnica, apoyados por potencias occidentales. Los autores critican las políticas de Israel, la ineficacia de la solución de dos estados y el papel de Estados Unidos en la perpetuación del conflicto. Mientras que algunos lectores lo consideran informativo y estimulante, otros reprochan su sesgo y la ausencia de voces palestinas. El libro es valorado por su claridad al explicar cuestiones complejas, aunque puede requerir un conocimiento previo de la historia del conflicto.
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