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Mentiras sobre Hitler

Mentiras sobre Hitler

Historia, Holocausto y el juicio de David Irving
por Richard J. Evans 2001 318 páginas
4.10
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Ideas clave

1. La objetividad histórica: el campo de batalla central del juicio a Irving

"¿Qué es la objetividad histórica? ¿Cómo sabemos cuándo un historiador dice la verdad? ¿No son todos los historiadores, al final, solo opiniones propias sobre el pasado?"

Preguntas fundamentales. El juicio por difamación que David Irving entabló contra Deborah Lipstadt y Penguin Books trascendió un simple litigio legal para convertirse en un profundo examen de la verdad histórica misma. En su núcleo se encontraban cuestiones esenciales sobre cómo los historiadores establecen hechos, interpretan evidencias y mantienen la objetividad, especialmente en temas sensibles como el Holocausto. El tribunal debía distinguir entre un debate histórico legítimo y la falsificación deliberada.

La acusación de Lipstadt. El libro de Deborah Lipstadt, Negando el Holocausto, acusaba a Irving de ser un negacionista peligroso que "doblaba [la evidencia histórica] hasta que encajara con sus inclinaciones ideológicas y agenda política". Esta grave acusación exigió una defensa rigurosa, obligando al tribunal a profundizar en los detalles de los métodos de investigación de Irving y la veracidad de sus afirmaciones. La estrategia de la defensa fue probar, más allá de toda duda razonable, que las acusaciones de Lipstadt eran ciertas.

Lo que estaba en juego. Para muchos, el juicio representó un momento crucial para la memoria del Holocausto y la integridad de la investigación histórica. Aunque algunos temían que el tribunal no fuera el foro adecuado para la indagación histórica, el examen minucioso de documentos y testimonios expertos brindó una oportunidad única para exponer los mecanismos de la distorsión histórica y reafirmar la posibilidad del conocimiento histórico objetivo.

2. La objetividad autoproclamada de Irving: una fachada para el sesgo ideológico

"Soy un historiador sin formación... La historia fue la única materia que suspendí en la escuela."

Un historiador autodidacta. David Irving cultivó la imagen de un historiador independiente y valiente, libre de convenciones académicas o corrección política. Se jactaba de tener acceso sin igual a fuentes primarias, afirmando haber descubierto documentos que los historiadores "establecidos" pasaban por alto, presentando así una "historia real" que desafiaba las narrativas aceptadas, especialmente sobre Adolf Hitler. Se veía a sí mismo como un "limpiador de piedras", eliminando la "suciedad y decoloración" de la imagen de Hitler.

El "embajador" de Hitler. A pesar de sus afirmaciones de objetividad, Irving admitió abiertamente identificarse con Hitler, considerándose el "embajador del Führer en el más allá". Esta conexión personal permeó su obra, conduciendo a una representación consistentemente simpática de Hitler, a menudo a costa de la precisión histórica. Creía que Hitler era un patriota que buscaba la grandeza de Alemania y que fue injustamente caricaturizado por los relatos posteriores a la guerra.

Desdén por sus pares. Irving despreciaba frecuentemente a los historiadores académicos, calificándolos de "perezosos" y propensos al "incesto interhistoriador", sugiriendo que solo copiaban el trabajo de otros sin consultar fuentes originales. Esta retórica servía para elevar su propio estatus mientras desestimaba la erudición legítima que contradecía sus puntos de vista. Sin embargo, sus propios métodos, al ser examinados, revelaron un patrón de uso selectivo y manipulación de las mismas fuentes que él defendía.

3. Distorsión sistemática: exculpando a Hitler de la violencia antisemita

"Irving manipuló de manera constante y repetida la evidencia histórica para dar la impresión de que apoyaba su visión de que Hitler no sabía sobre el exterminio de los judíos o, si lo sabía, se oponía a ello."

Un patrón constante. El núcleo de la falsificación histórica de Irving residía en sus esfuerzos implacables por absolver a Hitler de la responsabilidad en la persecución y exterminio de los judíos. No se trataba de un hecho aislado, sino de un patrón sistemático observado en numerosos eventos y documentos clave. Su enfoque incluía:

  • Suprimir información incómoda.
  • Malinterpretar o traducir erróneamente documentos.
  • Manipular estadísticas.
  • Aplicar dobles estándares a la evidencia.

El incidente de la charcutería en 1924. Irving afirmó que Hitler disciplinó a un escuadrón nazi por saquear una charcutería judía, presentándolo como protector de los judíos. Sin embargo, el testimonio original reveló que:

  • El incidente ocurrió antes del putsch, no durante.
  • La preocupación de Hitler era que el escuadrón retirara insignias del partido, dañando su imagen, no proteger a los judíos.
  • El testigo era un conocido simpatizante nazi, cuyo testimonio fue considerado sesgado por el tribunal.
    Irving omitió estos detalles cruciales, distorsionando la narrativa para ajustarla a su agenda exculpatoria.

Estadísticas criminales fabricadas. Para explicar la hostilidad nazi hacia los judíos, Irving citó "cifras de Interpol" de 1930-1932, afirmando que los judíos dominaban el crimen en la Alemania de Weimar. Sin embargo, estas cifras:

  • No provenían de Interpol, sino de una conferencia de prensa propagandística nazi dada por Kurt Daluege.
  • Fueron publicadas en Deutsches Nachrichtenbüro, un órgano de propaganda nazi.
  • Eran gravemente inexactas y contradichas por estadísticas oficiales de Weimar.
    Irving no solo usó una fuente propagandística como hecho objetivo, sino que también citó erróneamente sus cifras falsas, demostrando una intención deliberada de engañar.

4. El engaño de la "Noche de los Cristales Rotos": reescribiendo el papel de Hitler en el pogromo

"La representación completa de Irving sobre los eventos del 9 y 10 de noviembre me pareció diseñada para disminuir el sufrimiento de los judíos."

Manipulación del diario de Goebbels. Irving culpó enteramente a Joseph Goebbels por el pogromo de la "Noche de los Cristales Rotos", afirmando que Hitler no estaba al tanto y trató de detenerlo. Citó la entrada del diario de Goebbels del 9 de noviembre de 1938, pero:

  • Tradujo erróneamente "Polizei zurückziehen" (retirar la policía) como "contener a la policía".
  • Omitió la nota de Goebbels que indicaba que Hitler ordenó "dejar que las manifestaciones continúen" y que "los judíos deben sentir por una vez la furia del pueblo".
  • Ignoró el contexto de la destrucción generalizada en otras ciudades ya reportada a Hitler.
    Esta traducción selectiva y omisión alteraron fundamentalmente la implicación directa y aprobación de Hitler.

Ignorando las directivas policiales. Irving minimizó la importancia de dos télex enviados por los líderes de las SS Heinrich Müller y Reinhard Heydrich la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, que ordenaban explícitamente a la policía no interferir en las acciones antijudías, salvo para evitar daños a la propiedad alemana. Irving:

  • Ocultó el télex de Müller en una nota al pie.
  • Representó erróneamente el télex de Heydrich como una orden para "restaurar el orden, proteger a los judíos y sus propiedades, y detener incidentes en curso", cuando en realidad ordenaba lo contrario.
    Estas directivas, probablemente emitidas tras consulta con Hitler, implicaban claramente a los niveles más altos del régimen nazi.

Desacreditando la evidencia contemporánea. Irving se apoyó en testimonios dudosos de posguerra de ayudantes de Hitler, quienes afirmaban que Hitler estaba furioso por el pogromo y trató de detenerlo. Sin embargo, estos relatos:

  • Fueron dados por leales que buscaban exculpar a Hitler tras la guerra.
  • Contradecían documentos contemporáneos, como el diario de Goebbels, que mostraban la aprobación de Hitler y la participación activa de Schaub en la violencia.
  • A menudo se basaban en rumores o preguntas sugestivas de Irving mismo.
    La preferencia de Irving por relatos posguerra interesados sobre la evidencia contemporánea expuso aún más su sesgo metodológico.

5. Fabricando la inocencia de Hitler en la "Solución Final"

"La versión de Irving sobre las conversaciones de Hitler en esta instancia equivalió a una manipulación consciente y deliberada del material fuente."

La orden de "no liquidación". Irving citó repetidamente la anotación en el registro telefónico de Himmler del 30 de noviembre de 1941, afirmando que era "evidencia incontrovertible" de que "Hitler ordenó... que no se liquidara a los judíos". Sin embargo, el análisis reveló que:

  • La anotación se refería a un único tren de judíos desde Berlín, no a una orden general.
  • No había evidencia de que Himmler hablara con Hitler antes de la llamada; su diario mostraba que se reunió con Hitler después.
  • El tren específico de judíos de Berlín fue, de hecho, masacrado al llegar a Riga.
    La afirmación inicial de Irving fue una completa falsificación, parcialmente retractada luego, pero aún usada para insinuar la inocencia de Hitler.

La mala traducción de "Juden zu bleiben". Irving afirmó que el registro telefónico de Himmler del 1 de diciembre de 1941 contenía una orden: "Los judíos deben quedarse donde están". Esto fue una traducción deliberadamente errónea de "Verwaltungsführer der SS haben zu bleiben" (Los líderes administrativos de las SS deben quedarse). Irving:

  • Leyó mal "haben" (tener) como "Juden" (judíos), a pesar de la caligrafía clara.
  • Ignoró el contexto gramatical y otras cartas similares en la letra de Himmler.
    Este error flagrante, mantenido en ediciones posteriores de sus libros, demostró una distorsión voluntaria para apoyar su narrativa de Hitler protegiendo a los judíos.

El engaño del memorándum Schlegelberger. Irving presentó un memorándum del Ministerio de Justicia de 1942 como prueba de que Hitler quería "posponer la solución de la cuestión judía hasta después de la guerra". Sin embargo:

  • El memorándum probablemente se refería solo a "medios judíos" y a quienes estaban en "matrimonios mixtos", no a todos los judíos.
  • El Ministerio de Justicia participó activamente en la deportación y exterminio de judíos en los meses posteriores.
  • La interpretación de Irving contradecía su propia afirmación de que Hitler desconocía el exterminio, pues implicaba que Hitler sabía de la "solución" pero quería retrasarla.
    Este documento, lejos de exculpar a Hitler, evidenciaba su conocimiento y complicidad en la "Solución Final".

6. Negación del Holocausto: el giro deliberado de Irving hacia el extremismo

"Irving claramente sostenía las cuatro creencias centrales de los negacionistas definidas al inicio de este capítulo."

Una aceptación gradual. Aunque inicialmente aceptaba la "liquidación metódica de judíos rusos" en su La guerra de Hitler de 1977, las opiniones de Irving cambiaron drásticamente tras el juicio de Ernst Zündel en 1988, donde testificó como perito de la defensa. Para 1991, había eliminado sistemáticamente todas las referencias a la "exterminación" en su revisión de La guerra de Hitler, reemplazándolas por términos vagos como "tragedia judía".

Los cuatro pilares de la negación. Las declaraciones de Irving posteriores a 1988 se alinearon perfectamente con los principios centrales de la negación del Holocausto:

  • Minimización de las muertes: Afirmaba que murieron "100,000 o más" judíos, principalmente por enfermedades, no seis millones. Desestimaba los informes de los Einsatzgruppen como exagerados.
  • Negación de las cámaras de gas: Aseguraba que "no hubo cámaras de gas en Auschwitz", calificando las exhibiciones turísticas de "falsas". Apoyaba el desacreditado "Informe Leuchter" como prueba.
  • Rechazo del exterminio sistemático: Argumentaba que los asesinatos fueron "esfuerzos desorganizados y ad hoc" de "gangsters y criminales individuales", no una política centralizada.
  • Fabricación del mito del Holocausto: Sostenía que la "mentira de las cámaras de gas" fue inventada por la inteligencia británica y perpetuada por los judíos para obtener ganancias financieras (reparaciones para Israel).

"Analista del Holocausto", no "negacionista". Irving intentó redefinirse como "analista del Holocausto" o "retador" en lugar de "negacionista", alegando que este último implicaba mentir. Sin embargo, su rechazo constante de hechos establecidos y su adhesión a teorías desacreditadas no dejaban dudas sobre su verdadera postura. Su "análisis" era un eufemismo para la negación.

7. Inflar la cifra de muertos en Dresde: creando una falsa equivalencia moral

"Los esfuerzos de Irving por aumentar el número de muertos en los bombardeos de Dresde parecían diseñados desde el principio para establecer una equivalencia moral con el asesinato nazi de los judíos."

Distorsiones en sus inicios. La primera obra importante de Irving, La destrucción de Dresde (1963), consolidó su reputación pero también reveló su propensión a la manipulación histórica. Infló sistemáticamente la cifra de muertos en los bombardeos aliados de 1945, inicialmente basándose en fuentes dudosas y luego en una falsificación conocida, para crear una narrativa de crímenes de guerra aliados comparable a las atrocidades nazis.

La falsificación "TB 47". Irving defendió la "Orden del Día nº 47" (TB 47), que afirmaba 202,040 muertes, esperando que llegara a 250,000. La presentó como auténtica, a pesar de:

  • Haberla descartado antes como una pieza propagandística nazi "completamente espuria".
  • Carecer de sellos oficiales o firmas.
  • Tener cifras desproporcionadas respecto a otros bombardeos.
  • Ser una falsificación burda, con ceros añadidos a cifras reales (por ejemplo, 20,204 convertidos en 202,040).
    Durante décadas promovió conscientemente este documento falso, incluso después de que otros historiadores demostraran su fraude.

Minimizar muertes judías, maximizar muertes alemanas. La manipulación de las cifras de Dresde por parte de Irving perseguía un claro propósito ideológico: disminuir la singularidad y magnitud del Holocausto presentando las acciones aliadas como igual o más atroces. Comparó explícitamente las supuestas 250,000 muertes en Dresde con su cifra minimizada de 25,000 en Auschwitz, declarando: "Veo muy poca diferencia". Esta falsa equivalencia fue piedra angular de su agenda revisionista.

8. Antisemitismo y vínculos extremistas: los fundamentos ideológicos

"Irving ha cruzado repetidamente la línea entre la crítica legítima y la vilipendia prejuiciosa contra la raza y el pueblo judío."

Más allá del debate histórico. La acusación de Lipstadt de que las distorsiones de Irving estaban impulsadas por "inclinaciones ideológicas y una agenda política" fue central para la defensa. El juicio reveló el antisemitismo profundo de Irving y sus extensas conexiones con grupos de extrema derecha y neofascistas, demostrando que sus "revisiones" históricas no eran académicas sino políticamente motivadas.

Retórica antisemita. Irving empleaba con frecuencia tópicos antisemitas clásicos, refiriéndose a los judíos como "nuestros enemigos tradicionales", "cucarachas" y una "comunidad grasienta y viscosa". Acusaba a la "conspiración judía internacional" de controlar medios, banca y profesiones, eco de la propaganda nazi. Incluso sugería que los judíos eran responsables de su propia persecución, preguntando: "¿por qué siempre les pasa a los judíos?"

Asociación con negacionistas del Holocausto. Irving mantuvo estrechos lazos con el Instituto para la Revisión Histórica (IHR), una organización líder en la negación del Holocausto. Fue:

  • Orador frecuente en sus conferencias.
  • Publicó artículos en su Journal of Historical Review.
  • Avaló al IHR como "sincero, equilibrado, objetivo y carente de polémicas."
    A pesar de sus afirmaciones de solo "analizar" el Holocausto, su participación activa y respaldo a tales grupos consolidaron su identidad como negacionista.

9. La sala de tribunal como crisol para la verdad histórica

"Los procedimientos del tribunal fueron sorprendentemente informales, y el juez Gray aplicó las reglas de manera bastante relajada. Pero la obligación de los testigos, incluido Irving, de decir la verdad permitió un interrogatorio implacable y sin piedad..."

Un foro inusual, un escrutinio riguroso. Aunque muchos cuestionaron la idoneidad de un tribunal de difamación para dirimir la verdad histórica, el formato único del juicio resultó sorprendentemente eficaz. Sin jurado, el juez Charles Gray examinó meticulosamente miles de páginas de documentos e informes expertos, permitiendo un nivel sin precedentes de escrutinio histórico detallado. La obligación de testificar bajo juramento, junto con el interrogatorio implacable, expuso los métodos de Irving.

La autodestrucción de Irving. La decisión de Irving de representarse a sí mismo, aunque le dio una plataforma, resultó contraproducente. Su estilo caótico de contrainterrogatorio, frecuentes interrupciones, repetición de preguntas e incapacidad para aportar pruebas documentales frustraron al juez y minaron su credibilidad. Sus intentos de desacreditar a testigos expertos a menudo derivaron en ataques personales o digresiones irrelevantes.

**El

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Resumen de reseñas

4.10 de 5
Promedio de 1000+ valoraciones de Goodreads y Amazon.

Mentir sobre Hitler se destaca por su minucioso análisis de la negación del Holocausto por parte de David Irving y el posterior juicio por difamación. Los lectores valoran la rigurosa investigación de Evans sobre las distorsiones históricas de Irving y las profundas reflexiones que ofrece el libro acerca de la historiografía. Muchos lo encuentran una lectura apasionante, aunque algunos señalan su densidad académica. La obra es reconocida por su exploración de la objetividad histórica y las responsabilidades que tienen los historiadores. Si bien algunos críticos hubieran deseado un mayor detalle sobre el desarrollo del juicio, la mayoría coincide en que se trata de un trabajo fundamental que expone las falsificaciones deliberadas de Irving y los peligros que implica negar el Holocausto.

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Sobre el autor

Richard J. Evans es un historiador de renombre especializado en la historia moderna de Alemania. Nacido en 1947, ha ocupado cargos prestigiosos en la Universidad de Cambridge y en el Gresham College. A lo largo de su carrera, ha recibido numerosos galardones por sus aportes a la investigación histórica, entre ellos el título de caballero otorgado en 2012. Su papel fue fundamental como testigo experto principal en el juicio por negación del Holocausto de David Irving en el año 2000. Evans ha escrito varios libros aclamados sobre la historia alemana, destacando una trilogía dedicada al Tercer Reich. Sus trabajos más recientes abordan temas como la vida de Eric Hobsbawm y las teorías conspirativas en torno a la Alemania nazi. Es reconocido por su enfoque riguroso en la investigación histórica y su compromiso con la defensa de la verdad histórica.

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