Ideas clave
1. La mente cartesiana: un legado internalista
Lo que une estas diversas caras de la ciencia cognitiva cartesiana es una suposición incuestionada —de hecho, aparentemente banal—: sea lo que sea que ocurra en los procesos mentales, ya sean procesos formales abstractos o patrones de actividad en una red neuronal (o ambos), son procesos que suceden dentro de la cabeza del organismo pensante.
Visión tradicional. Durante siglos, la comprensión dominante de la mente, especialmente en la investigación científica, se ha basado en un marco cartesiano. Esta perspectiva sostiene que los procesos mentales —percepción, memoria, pensamiento, razonamiento— son exclusivamente internos, residiendo en el cerebro. Ya sean concebidos como “programas” abstractos o activaciones en redes neuronales, las operaciones de la mente se ven confinadas al cráneo.
Tareas científicas. La ciencia cognitiva tradicional, en su forma clásica, se centró en identificar estos programas internos (psicología cognitiva) y en entender su implementación en el cerebro (neurociencia cognitiva). Incluso con el paso a modelos conexionistas, la suposición central permaneció: la cognición es fundamentalmente un fenómeno ligado al cerebro. Este sesgo internalista, heredado del dualismo cartesiano (la mente como sustancia no física localizada en el cerebro), persistió aun cuando la mente fue concebida como puramente física.
El “fantasma en la máquina” persiste. Aunque la ciencia moderna rechazó el “fantasma” no físico de Descartes, mantuvo la idea de que la mente opera únicamente dentro de la “máquina” del cuerpo, específicamente en el cerebro. Esta suposición incuestionada constituye la base de lo que se denomina “ciencia cognitiva cartesiana”, y prepara el terreno para que cualquier “nueva ciencia de la mente” desafíe radicalmente este dogma internalista.
2. Más allá del cerebro: la concepción 4E de la mente
La nueva forma de pensar la mente se inspira y se organiza no en torno al cerebro, sino en una combinación de ideas que sostienen que los procesos mentales son (1) incorporados, (2) incrustados, (3) actuados y (4) extendidos.
Un giro radical. Surgiendo de campos diversos como la robótica, la psicología y la neurociencia, una “nueva ciencia de la mente” desafía la visión internalista cartesiana. Esta concepción “4E” propone que los procesos mentales no están confinados al cerebro, sino que se moldean e integran fundamentalmente con el cuerpo y el entorno. Representa un retorno a ideas filosóficas antiguas y rebeldes, ahora respaldadas por evidencia empírica.
Definiendo las 4E:
- Incorporados: Los procesos mentales están en parte constituidos por estructuras y procesos corporales más amplios (más allá del cerebro).
- Incrustados: Los procesos mentales funcionan solo en conjunto con un entorno externo específico, apoyándose en un “andamiaje ambiental”.
- Actuados: Los procesos mentales se constituyen por las acciones del organismo sobre el mundo y las acciones recíprocas del mundo.
- Extendidos: Los procesos mentales no están exclusivamente dentro de la cabeza, sino que se extienden literalmente al entorno del organismo.
Descargar la cognición. Una motivación central para la visión 4E es el “principio del perro ladrador”: ¿por qué hacer el trabajo uno mismo si el entorno puede hacerlo por ti? Los humanos descargan constantemente cargas cognitivas en estructuras externas, desde dispositivos GPS hasta el lenguaje escrito. Esta distribución de tareas reduce la complejidad requerida de la “memoria biológica desnuda”, sugiriendo que la cognición es un proceso híbrido que involucra elementos internos y externos.
3. La mente amalgamada: cognición incorporada y extendida
La nueva ciencia se basará en la idea de los procesos mentales como amalgamas.
Refinando las 4E. Aunque la concepción 4E ofrece una alternativa poderosa, no todos sus aspectos son igualmente anti-cartesianos ni mutuamente compatibles. Tras un análisis cuidadoso, los elementos verdaderamente radicales y fundamentales se condensan en dos tesis centrales: la mente incorporada y la mente extendida. La “mente incrustada” suele funcionar como un recurso neo-cartesiano, reconociendo la dependencia ambiental sin abrazar la constitución. La “mente actuada”, en algunas interpretaciones, también se inclina hacia la dependencia más que hacia la extensión plena.
Composición, no solo dependencia. La distinción crucial radica entre dependencia y constitución. La mente incorporada sostiene que algunos procesos cognitivos están en parte constituidos por estructuras corporales más amplias (por ejemplo, la distancia entre los oídos para localizar sonidos). La mente extendida afirma que algunos procesos cognitivos están en parte compuestos por acciones sobre estructuras ambientales (por ejemplo, manipular un cuaderno para la memoria). Ambas son afirmaciones ontológicas sobre lo que los procesos mentales son, no solo sobre cómo se entienden o de qué dependen.
Externalismo de proceso, no de estado. La versión más defendible de la mente extendida se centra en procesos cognitivos más que en estados cognitivos. Por ejemplo, la manipulación que Otto hace de su cuaderno forma parte de su proceso de recordar, no que el cuaderno sea su creencia. Esta “mente amalgamada” ve los procesos cognitivos como híbridos, combinando estructuras y procesos neuronales, corporales y ambientales, rechazando la idea de que la cognición está confinada al cerebro.
4. La pregunta crucial: ¿qué hace que un proceso sea cognitivo?
Si los defensores de la mente extendida pueden ofrecer un criterio adecuado de lo cognitivo y demostrar que los procesos externos que consideran cognitivos cumplen ese criterio, entonces no hay fundamento para la acusación de que confunden constitución con mera conexión causal.
Atendiendo a los críticos. La mente amalgamada enfrenta objeciones importantes, como el “argumento de las diferencias” (los procesos externos son demasiado distintos de los internos), la “falacia de acoplamiento-constitución” (confundir interacción causal con constitución real) y la “inflación cognitiva” (expansión descontrolada de lo que cuenta como cognitivo). Todas estas objeciones dependen en última instancia de la falta de una “marca de lo cognitivo” clara y defendible —un criterio para cuándo un proceso califica genuinamente como mental.
El criterio propuesto. Para superar estos desafíos, es esencial un criterio de cuatro condiciones para los procesos cognitivos. Este criterio, derivado del análisis de prácticas establecidas en la ciencia cognitiva (incluso internalistas como la teoría de la visión de Marr), ofrece una condición suficiente para que un proceso sea considerado cognitivo. Busca ser conservador en su origen pero radical en sus implicaciones sobre la ubicación de la cognición.
Las cuatro condiciones:
- Procesamiento de información: El proceso implica la manipulación y transformación de estructuras portadoras de información.
- Función propia: Su función es hacer accesible al sujeto o a procesos posteriores información previamente inaccesible.
- Estado representacional: Esto se logra produciendo un estado representacional (con contenido no derivado) en el sujeto.
- Pertenencia: El proceso pertenece al sujeto de ese estado representacional.
Este criterio permite a la mente amalgamada argumentar que procesos híbridos, que combinan elementos internos y externos, pueden satisfacer los requisitos para ser genuinamente cognitivos, y no meros acompañantes causales.
5. La propiedad: el problema olvidado para todas las teorías de la mente
El problema de la propiedad es un problema de igualdad de oportunidades que no discrimina entre cartesianos y anti-cartesianos.
Más allá de la contención espacial. La cuarta condición del criterio de la “marca de lo cognitivo” —la propiedad— es la más desafiante, pero crucial tanto para las visiones tradicionales como extendidas de la mente. La idea intuitiva de que un proceso cognitivo es “mío” porque está dentro de mi cabeza es errónea. Así como los procesos digestivos pueden extenderse fuera del cuerpo y seguir siendo “míos”, los procesos cognitivos no se poseen simplemente por contención espacial. La propiedad se refiere a la integración en la vida funcional del individuo, no a la mera ubicación.
El problema de la inflación revisitado. Sin una comprensión sólida de la propiedad, reaparece la objeción de la “inflación cognitiva”: si un telescopio o una calculadora me ayudan a percibir o calcular, ¿son sus procesos internos cognitivos? La distinción entre cognición a nivel personal (información disponible para el sujeto) y a nivel subpersonal (información solo disponible para procesos posteriores) es clave. La inflación subpersonal puede ser aceptable (por ejemplo, el funcionamiento interno de una calculadora es subpersonalmente cognitivo cuando está integrado en mi tarea), pero la inflación a nivel personal no.
Autoridad derivada. A nivel personal, a menudo asociamos la propiedad con la autoridad epistémica —nuestra capacidad para conocer y ser responsables de nuestros pensamientos y acciones. Sin embargo, esta autoridad suele ser síntoma de algo más profundo, que surge cuando nuestra interacción absorbida y normal con el mundo se interrumpe. Esto sugiere que la autoridad epistémica es un indicador derivado de la propiedad, no su base fundamental. La verdadera naturaleza de la propiedad debe buscarse en un nivel más primordial, que sustenta tanto nuestra agencia consciente como nuestros procesos subpersonales.
6. La intencionalidad como revelación del mundo: un nuevo fundamento
La esencia de la intencionalidad —la dirección intencional hacia el mundo— es, por tanto, una actividad de revelación o desvelamiento.
Más allá de la conciencia empírica. La visión común trata las experiencias como “elementos empíricos” —objetos de los que somos conscientes. Sin embargo, una rica tradición filosófica (Frege, Husserl, Sartre) revela que las experiencias también poseen un aspecto trascendental: aquello que permite que los objetos nos aparezcan, en lugar de ser un objeto en sí mismo. Este núcleo no empírico es donde reside la verdadera naturaleza de la intencionalidad —la dirección de la mente hacia los objetos.
La doble naturaleza del “sentido”. El concepto fregeano de “sentido” (Sinn) destaca esta dualidad: puede ser un objeto de aprehensión (empírico) o aquello que determina la referencia (trascendental). En su papel trascendental, el sentido es ineliminable; es lo que permite que cualquier acto intencional tenga un objeto, pero no puede, en ese acto, ser un objeto en sí mismo. El “Auffassungsinn” de Husserl y la “nada” de Sartre apuntan de modo similar a este núcleo no objetivo, pero esencial, de la conciencia.
La intencionalidad como revelación. Este núcleo trascendental ineliminable de la experiencia es lo que permite que el mundo se nos presente de maneras específicas —como bajo ciertos “modos empíricos de presentación” (aspectos como “rojo” o “brillante”). Por tanto, la esencia misma de la intencionalidad no es simplemente estar sobre algo, sino revelar o desvelar activamente el mundo a un sujeto. Esta comprensión fundamental de la intencionalidad proporciona la base para justificar la mente amalgamada.
7. La conciencia “viaja a través de”: los vehículos de la revelación
Fenomenológicamente, la conciencia de la persona ciega pasa completamente a través del bastón hacia el mundo.
Revelación causal vs. constitutiva. La intencionalidad, como revelación del mundo, se manifiesta de dos maneras: revelación constitutiva (el contenido de una experiencia o pensamiento determina lógicamente cómo se revela un objeto) y revelación causal (los vehículos materiales de ese contenido causan la revelación). La mente amalgamada se ocupa de estos vehículos de revelación causal, que no se limitan al cerebro.
Más allá del cráneo. La idea de que la conciencia “viaja a través” de sus realizaciones materiales significa que el acto de revelar el mundo no se detiene en el cerebro ni siquiera en la piel. La persona ciega de Merleau-Ponty, usando un bastón, no experimenta el bastón como un objeto, sino que experimenta el mundo a través del bastón. De modo similar, nuestra conciencia pasa a través de nuestras manos, ojos e incluso herramientas externas para relacionarse directamente con el mundo. Este “viajar a través” no es solo una observación fenomenológica, sino que refleja la estructura fundamental de la dirección intencional.
Vehículos extraneurales de la percepción. Nuestra revelación perceptiva del mundo involucra numerosas actividades más allá del mero procesamiento neuronal:
- Movimientos sacádicos oculares: movimientos oculares rápidos e inconscientes que moldean activamente la información recogida de una escena visual, revelando aspectos específicos según la tarea.
- Actividad sensorimotora: acciones exploratorias y de sondeo (por ejemplo, movimientos oculares, giros de cabeza) que identifican “contingencias sensorimotoras”, permitiéndonos percibir un mundo rico y estable sin necesidad de representaciones internas detalladas.
- Manipulación del arreglo óptico: nuestros movimientos transforman el arreglo de luz ambiental, haciendo disponible información invariante, crucial para percibir la disposición y orientación de objetos.
Estas actividades no son objetos de conciencia, sino vehículos de la conciencia, parte de los medios causales mediante los cuales el mundo se revela.
8. La mente amalgamada: una consecuencia obvia de la revelación
Una vez que aceptamos esto, las tesis de la cognición incorporada y extendida no son para nada extrañas. Son asombrosamente evidentes.
La cognición como revelación del mundo. El modelo de la intencionalidad como actividad reveladora se extiende sin fisuras desde la percepción hasta la cognición. Así como la percepción revela objetos, también lo hacen el pensamiento, la memoria y el razonamiento. Cuando Otto consulta su cuaderno, la manipulación de la información externa es parte del vehículo de su revelación cognitiva. Es un medio por el cual la ubicación del museo se le revela en la memoria. Su conciencia “viaja a través” del cuaderno, así como la de Inga viaja a través de sus estados neuronales.
Conciliando lo incorporado y lo extendido. La “extrañeza” de la cognición incorporada y extendida surge de una visión internalista equivocada de la intencionalidad. Si la intencionalidad es fundamentalmente revelación del mundo, entonces sus vehículos —los medios por los cuales ocurre esta revelación— son naturalmente diversos. Pueden ser neurales, corporales o ambientales. El modelo de la intencionalidad como actividad reveladora ofrece un marco unificado donde tanto la cognición incorporada como la extendida no solo son compatibles, sino implicaciones naturales y esperadas.
Resolviendo los problemas de propiedad e inflación. Un proceso cognitivo pertenece a un sujeto si revela el mundo a ese sujeto. Los procesos a nivel personal revelan directamente; los subpersonales contribuyen a esto. La “mía” de una experiencia está integrada en su “cómo se siente” —se revela para mí. Esta naturaleza relacional de la revelación resuelve el problema de la inflación: los procesos en un telescopio o calculadora solo son cognitivos cuando forman parte activa de la actividad reveladora del mundo de un sujeto. Sin el compromiso del sujeto, no hay cognición, solo procesamiento inerte de información. Por tanto, la mente amalgamada no es una ciencia extraña y nueva, sino una consecuencia lógica de una comprensión adecuada de la intencionalidad.
Resumen de reseñas
La Nueva Ciencia de la Mente ha recibido críticas mixtas, con una valoración promedio de 3.7 sobre 5 estrellas. Las reseñas positivas destacan la exhaustiva visión general que Rowlands ofrece sobre las teorías de la cognición incorporada y su síntesis de la tesis de la mente extendida, subrayando su equilibrado uso de la ciencia empírica y la filosofía. Los críticos valoran su enfoque diplomático y bien documentado, que integra tradiciones tanto analíticas como continentales. No obstante, algunos señalan la ausencia de contribuciones clave, como las de Bateson y Lakoff, mientras que otros consideran que los capítulos finales resultan excesivamente densos y prolijos, lo que dificulta la lectura para quienes no pertenecen al ámbito académico, a pesar de la interesante premisa del libro.