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Matar a Lincoln

Matar a Lincoln

El asesinato impactante que cambió América para siempre
por Bill O'Reilly 2011 324 páginas
4.06
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Ideas clave

1. La visión de Lincoln para una nación reunificada al final de la guerra

"Sin malicia hacia nadie, con caridad para todos, con firmeza en lo que es justo según Dios nos permite ver la justicia, esforcémonos por terminar la obra en la que estamos, sanar las heridas de la nación, cuidar de quienes han soportado la batalla, de sus viudas y huérfanos, y hacer todo lo posible para lograr y conservar una paz justa y duradera entre nosotros y con todas las naciones."

Un llamado a la unidad. El 4 de marzo de 1865, Abraham Lincoln pronunció su Segundo Discurso Inaugural, una poderosa súplica por la reunificación y sanación nacional, incluso mientras la Guerra Civil seguía su curso. A pesar del agotamiento y el conflicto, su mensaje fue de perdón y reconciliación, no de venganza. Esta visión guió sus acciones en los últimos días de la guerra, incluyendo los términos indulgentes para la rendición de los soldados confederados.

La implacable persecución de Grant. Mientras Lincoln soñaba con la paz, el general Ulysses S. Grant perseguía sin descanso al ejército confederado de Robert E. Lee, atrapándolos en Petersburg durante 250 días. La brillantez estratégica de Grant, a pesar de reveses iniciales y la timidez de sus generales, condujo finalmente a la caída de Petersburg y Richmond. Lincoln, observando el bombardeo desde City Point, comprendía el enorme costo humano, pero también la necesidad de poner fin a la guerra.

La caída de Richmond. La visita de Lincoln a una Richmond devastada y autoincendiada evidenció la brutalidad del conflicto, pero ordenó a las fuerzas de la Unión tratar a la población con "mano suave". Su alegría ante el inminente fin de la guerra era palpable, creyendo que el "horrible sueño" había terminado. Este periodo destacó la determinación inquebrantable de Lincoln por sanar la nación, aun enfrentando el profundo rencor del Sur conquistado.

2. El odio profundo y el plan cambiante de John Wilkes Booth

"Nuestra causa está casi perdida, algo decisivo y grande debe hacerse."

Un odio patológico. John Wilkes Booth, actor célebre y ferviente simpatizante confederado, albergaba un odio patológico hacia Abraham Lincoln y la Unión. Sus creencias supremacistas blancas alimentaban su convicción de que la Proclamación de Emancipación de Lincoln era una afrenta, una amenaza al modo de vida sureño y a la institución de la esclavitud. Se veía destinado a asestar un golpe a favor de la Confederación.

De secuestro a asesinato. Inicialmente, Booth planeaba secuestrar a Lincoln para usarlo como rehén y forzar una victoria confederada. Reclutó un equipo de conspiradores, consiguió fondos de agentes confederados en Montreal y planificó meticulosamente rutas para sacar a Lincoln de Washington. Sin embargo, con la rendición de Lee y el colapso de la Confederación, su objetivo cambió radicalmente de captura a asesinato, una "guerra de bandera negra" que consideraba necesaria.

Sed de infamia. Su formación teatral influyó en su deseo de un acto dramático y público que asegurara su infamia eterna. Imaginaba un gran final donde él sería la estrella, haciendo una declaración política desde el escenario. Su narcisismo y creencia en su propia importancia lo impulsaron a cometer un acto que esperaba reavivara la causa sureña y asegurara su lugar en la historia.

3. Las premoniciones de muerte de Lincoln y la seguridad laxa

"Si me matan, solo puedo morir una vez, pero vivir con miedo constante es morir una y otra vez."

Perseguido por sueños. Lincoln, pese a su valentía exterior, creía secretamente que moriría en el cargo, una premonición intensificada por un vívido sueño de su propio asesinato apenas diez días antes de morir. Compartió este escalofriante sueño con su esposa Mary y amigos cercanos, describiendo una Casa Blanca llena de dolientes llorando sobre un cadáver invisible, solo para que le dijeran que era el Presidente, asesinado por un sicario.

Un blanco de amenazas. Durante su presidencia, Lincoln enfrentó numerosas amenazas de muerte, que guardaba en un paquete etiquetado como "Asesinato" sobre su escritorio. A pesar de estas amenazas y las constantes advertencias de su asesor de seguridad, Ward Hill Lamon, Lincoln mantuvo una imagen pública sorprendentemente accesible. A menudo cabalgaba solo, caminaba libremente y permitía el acceso sin restricciones a la Casa Blanca, creyendo que un presidente debía ser un hombre del pueblo, no un emperador.

Deficiencias en la seguridad. La seguridad de Lincoln era notoriamente laxa. Sus guardaespaldas, pagados por el Departamento del Interior principalmente para proteger la Casa Blanca de vándalos, eran a menudo negligentes. La noche del asesinato, su guardaespaldas asignado, John Parker, un hombre con historial de negligencia, abandonó su puesto en el Teatro Ford para ir a beber, dejando al Presidente completamente desprotegido.

4. El elaborado y sincronizado plan de asesinato

"Lo haré pasar."

Un gran diseño. Tras el discurso de Lincoln el 11 de abril, donde abogó por el sufragio negro, la rabia de Booth se consolidó y decidió asesinar al Presidente. Declaró: "Lo haré pasar", y comenzó a orquestar un ataque múltiple diseñado para decapitar al gobierno de Estados Unidos. Su plan era matar simultáneamente a Lincoln, al vicepresidente Andrew Johnson y al secretario de Estado William Seward, con la esperanza de sumir a la Unión en el caos.

Co-conspiradores y sus roles:

  • Lewis Powell: Un exsoldado confederado poderoso y con problemas mentales, encargado de matar a Seward.
  • David Herold: Cazador educado en Georgetown, asignado para guiar la fuga de Powell de Washington.
  • George Atzerodt: Reparador de carruajes alemán y contrabandista, encargado a regañadientes de asesinar al vicepresidente Johnson.
  • John Surratt: Mensajero del Servicio Secreto Confederado, cuya casa de huéspedes de su madre servía como centro de operaciones.

Temporización meticulosa. Booth programó los ataques para las 10:15 p.m. del 14 de abril, coincidiendo con el momento de mayor risa en la obra Our American Cousin en el Teatro Ford. Planeó su ruta de escape por los bastidores del teatro, asegurándose de que su caballo estuviera listo y dejando una carta al National Intelligencer para atribuirse el "espléndido acto".

5. El disparo fatal en el Teatro Ford

"Maldito viejo tramposo."

El momento perfecto. El 14 de abril de 1865, Viernes Santo, Lincoln, a pesar de su reticencia y el dolor de cabeza de Mary, asistió a Our American Cousin en el Teatro Ford. Booth, tras confirmar la asistencia de Lincoln y la ausencia del general Grant, preparó su acto final. Aseguró la puerta del palco presidencial con un atril, talló un agujero para mirar y esperó su señal: la famosa línea de Harry Hawk.

El disparo y la lucha. A las 10:15 p.m., justo cuando el público estalló en risas, Booth entró al palco y disparó con un Deringer calibre .44 en la nuca de Lincoln. El mayor Henry Rathbone, invitado en el palco, se lanzó inmediatamente sobre Booth, quien le cortó el brazo con un cuchillo Bowie. Mary Lincoln, atónita, observó horrorizada cómo su esposo se desplomaba.

La dramática huida de Booth. Tras el disparo, Booth saltó del palco al escenario, su espolón enganchándose en una bandera y fracturándole la pierna. A pesar de la lesión, gritó dramáticamente "¡Sic semper tyrannis!" ("¡Así siempre a los tiranos!") antes de cojear fuera del escenario. Golpeó a "Peanut John", el niño que sostenía su caballo, y galopó hacia la noche, desapareciendo en el caos de las calles celebratorias de Washington.

6. El brutal ataque a Seward y el fracaso del asesino de Johnson

"¡Asesinato, asesinato, asesinato!"

El salvaje asalto de Powell. Simultáneamente al asesinato de Lincoln, Lewis Powell lanzó un brutal ataque contra el secretario de Estado William Seward, quien estaba postrado por un accidente de carruaje. Haciéndose pasar por un mensajero con medicina, Powell irrumpió en la casa de Seward, golpeó con la pistola a Frederick Seward, hijo del secretario, dejándolo inconsciente, y apuñaló repetidamente al indefenso Seward, causándole graves heridas en rostro y cuello.

La defensa familiar. A pesar de la ferocidad del ataque, la familia y el personal de Seward intervinieron valientemente. Fanny Seward, hija del secretario, intentó proteger a su padre, mientras Augustus Seward, su hijo, y el sargento George Robinson lucharon contra Powell, sufriendo múltiples puñaladas. Milagrosamente, todas las víctimas de Seward sobrevivieron al horrible asalto.

La cobardía de Atzerodt. George Atzerodt, encargado de matar al vicepresidente Andrew Johnson, sucumbió al miedo y al alcohol. En lugar de enfrentar a Johnson en el Kirkwood House, pasó la noche bebiendo en el bar del hotel, abandonando su misión. Su fracaso significó que Johnson, a quien muchos confederados despreciaban como traidor, fue perdonado, alterando el curso de la sucesión presidencial.

7. Las agonizantes últimas horas de Lincoln

"Su herida es mortal... Es imposible que se recupere."

Una herida mortal. El doctor Charles Leale, joven cirujano del ejército, fue el primer médico en llegar a Lincoln en el palco. Evaluó rápidamente la herida, encontrando la bala alojada profundamente en el cerebro, y la declaró inmediatamente mortal. A pesar del caos, Leale tomó el mando, realizando maniobras de resucitación y limpiando la herida para aliviar la presión, acciones que prolongaron la vida de Lincoln pero no pudieron salvarlo.

La casa Petersen. Reconociendo la necesidad de un lugar más adecuado, Lincoln fue cuidadosamente llevado al otro lado de la calle, a la casa Petersen, una modesta pensión. Lo acostaron diagonalmente sobre un colchón de hojas de maíz en un cuarto estrecho, demasiado alto para la cama. Los médicos aplicaron cataplasmas de mostaza en su cuerpo frío y limpiaron continuamente la herida, pero ningún medicamento pudo revertir el daño.

Una nación de luto. Durante toda la noche, una corriente de dignatarios, familiares y clérigos visitaron al moribundo presidente. El secretario de Guerra, Edwin Stanton, asumió el control efectivo, manejando la crisis desde la habitación contigua. Mary Lincoln, desconsolada, pudo verlo en momentos, su dolor era abrumador. Lincoln exhaló su último aliento a las 7:22 a.m. del 15 de abril de 1865, con más de veinte testigos presenciando ese momento histórico.

8. El shock nacional y el inicio de la cacería humana

"¡El presidente ha sido disparado!"

Pánico y dolor. La noticia del asesinato de Lincoln sumió a Washington D.C. y a la nación en un shock y duelo inmediatos. La atmósfera festiva por el fin de la guerra se transformó en caos, con multitudes dirigiéndose al Teatro Ford, algunos buscando venganza, otros desesperados por noticias. Las banderas fueron izadas a media asta y se cerraron los bares para evitar más disturbios.

Comienza la redada. Incluso antes de la muerte de Lincoln, las autoridades lanzaron la mayor cacería criminal en la historia estadounidense. Pronto surgieron pistas iniciales desde la habitación abandonada de Atzerodt en el Kirkwood House, revelando el nombre de Booth y sus conexiones con otros conspiradores. Denuncias anónimas también llevaron a los investigadores a la pensión de Mary Surratt, desentrañando aún más el complot.

El mando de Stanton. El secretario de Guerra, Edwin Stanton, actuando como presidente interino, tomó el mando personal de la investigación, llamando a Lafayette Baker, su antiguo jefe de espionaje, para liderar la búsqueda. Se ofrecieron recompensas y se pegaron fotografías de Booth, Herold y Surratt por toda la ciudad. El objetivo inmediato era capturar a los asesinos y frenar los crecientes llamados a la venganza que amenazaban con reavivar la Guerra Civil.

9. La desesperada huida y el violento final de Booth

"Aléjate de mí, cobarde maldito."

Una dolorosa fuga. John Wilkes Booth, con la pierna rota y un cuchillo manchado de sangre, huyó de Washington acompañado por David Herold. Su escape estuvo lleno de dolor, agotamiento y el miedo constante a ser capturados. Pararon en la taberna de Mary Surratt para abastecerse y luego buscaron refugio en la casa del doctor Samuel Mudd, simpatizante confederado, quien les vendó la pierna a Booth.

Escondidos en los pantanos. La renuencia de Mudd a proporcionar un carruaje obligó a Booth y Herold a internarse en el peligroso pantano Zekiah, donde soportaron días de frío, hambre y la ansiedad de ser perseguidos. La euforia inicial de Booth se tornó en desesperación al leer periódicos que condenaban sus actos, lo que lo llevó a registrar sus justificaciones en un diario.

El enfrentamiento final. Tras seis días miserables, un contrabandista local, Thomas Jones, los ayudó a cruzar el Potomac hacia Virginia. Su viaje los llevó a la granja de Richard Garrett, donde finalmente fueron acorralados en un granero de tabaco por la caballería de la Unión, liderada por el coronel Everton Conger y el teniente Luther Baker. Booth, negándose a rendirse, fue herido de bala por el sargento Boston Corbett, un soldado ferviente que desobedeció órdenes. Booth murió horas después, paralizado del cuello para abajo, y su cuerpo fue arrojado sin ceremonia a un carro de basura.

10. La justicia para los conspiradores y los misterios que perduran

"Mary Surratt se convierte en la primera y única mujer ejecutada por el gobierno de Estados Unidos."

Justicia rápida. Los conspiradores restantes fueron capturados rápidamente. Lewis Powell fue detenido en la pensión de Mary Surratt, y George Atzerodt fue hallado escondido en casa de un primo. Un tribunal militar, supervisado por el secretario Stanton, juzgó con rapidez a ocho conspiradores. Mary Surratt, Lewis Powell, George Atzerodt y David Herold fueron declarados culpables y ahorcados el 7 de julio de 1865, con Mary Surratt convirtiéndose en la primera mujer ejecutada por el gobierno estadounidense.

Preguntas sin resolver. El juicio y sus consecuencias estuvieron marcados por controversias y sospechas persistentes. Lafayette Baker, el detective que capturó a Booth, afirmó luego que Stanton suprimió pruebas, incluyendo páginas del diario de Booth, alimentando teorías de una conspiración más amplia con altos funcionarios involucrados. La desaparición de fotografías y páginas del diario de Booth sigue sin explicación, permitiendo que algunos cuestionen la versión oficial.

El destino de los protagonistas. El asesinato impactó profundamente a todos los involucrados:

  • Mary Lincoln: Nunca se recuperó, sufriendo inestabilidad mental y paranoia.
  • Robert Todd Lincoln: Presenció otros dos asesinatos presidenciales.
  • Edwin Stanton: Chocó con el presidente Johnson sobre la Reconstrucción, murió antes de asumir un cargo en la Corte Suprema.
  • Andrew Johnson: Asumió la presidencia, enfrentó un juicio político y luchó con políticas divisivas.
  • Lafayette Baker: Murió por sospecha de envenenamiento tras publicar unas memorias controvertidas.
  • John Parker: Guardaespaldas negligente de Lincoln, finalmente despedido de la policía.
  • Dr. Samuel Mudd: Sentenciado a cadena perpetua, luego indultado.
  • John Surratt: Hijo de Mary, huyó internacionalmente y fue finalmente absuelto.

El asesinato de Abraham Lincoln sigue siendo un evento trágico y crucial que marcó para siempre la historia estadounidense, dejando un legado de profundo dolor y misterios que perduran.

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Resumen de reseñas

4.06 de 5
Promedio de 100.000+ valoraciones de Goodreads y Amazon.

Killing Lincoln recibe opiniones encontradas, con una calificación promedio de 4.06 estrellas. Sus seguidores destacan su estilo narrativo similar al de un thriller, su accesibilidad y la exhaustividad de su investigación, considerándolo atractivo a pesar de conocer el desenlace. Por otro lado, los críticos señalan la personalidad polarizadora de O'Reilly, la ausencia de notas al pie, la presentación de conjeturas como hechos y un estilo de escritura simplificado en exceso. Muchos reseñadores reconocen la tensión entre valorar la facilidad de lectura del libro y cuestionar su rigor académico. El coautor Martin Dugard suele pasar desapercibido. Los lectores aprecian descubrir detalles poco conocidos sobre el asesinato de Lincoln, la conspiración de Booth y el contexto de la Guerra Civil, aunque algunos reclaman un análisis más profundo sobre el impacto de la reconstrucción.

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Sobre el autor

Bill O'Reilly posee títulos en historia por Marist College y maestrías por la Universidad de Boston y la Escuela de Gobierno Kennedy de Harvard. Antes de dedicarse a la televisión, fue profesor de historia. Durante dieciséis años, condujo The O'Reilly Factor, el programa de noticias por cable con mayor audiencia, y trabajó como corresponsal nacional para CBS y ABC News. Ha recibido tres premios Emmy y es autor de doce libros de no ficción que alcanzaron el primer lugar en ventas, incluyendo la serie "Killing", con 17 millones de ejemplares vendidos. Su labor filantrópica ha recaudado millones para personas necesitadas y veteranos heridos. Actualmente, vive en Long Island.

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