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Girl on Girl

Girl on Girl

How Pop Culture Turned a Generation of Women Against Themselves
por Sophie Gilbert 2025 352 páginas
3.86
17.000+ valoraciones
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Ideas clave

1. La cultura pop definió el poder femenino como sexual y comerciable

Lo que me quedó claro fue que el poder, para las mujeres, tenía una naturaleza sexual.

Señales tempranas. Para 1999, eventos de la cultura pop como la portada de Britney Spears en Rolling Stone, la imagen desnuda de Gail Porter proyectada en el Parlamento, y la película American Beauty sugerían que el poder para las mujeres jóvenes era principalmente sexual, efímero y ligado a la atención. No era un poder acumulado por educación o experiencia, sino por juventud y disposición a ser parte del chiste, incluso siendo el blanco de la broma.

Moneda sexual. Esta época fetichizó un tipo específico de poder femenino basado en la sexualidad, implicando que no existía otro poder digno de tener. La cultura popular a finales del siglo XX parecía impregnada de una ironía cómplice, pero el mensaje subyacente era claro: el valor e influencia de las mujeres estaban inextricablemente ligados a su presentación sexual y deseabilidad. Esto marcó el tono para cómo una generación de mujeres se percibiría a sí misma y a las demás.

Mensaje internalizado. Crecer en este ambiente llevó a las mujeres millennials a interiorizar la idea de que el sexo era su principal moneda y que la objetivación era de algún modo empoderadora. Este condicionamiento cultural influyó en sus ambiciones, autopercepción, relaciones e incluso en sus cuerpos, generando sentimientos de insuficiencia y cuestionamientos sobre quién estaba imponiendo esta agenda.

2. El posfeminismo cooptó la liberación para vender una feminidad estrecha

El posfeminismo era vago; parecía definirse principalmente en oposición a una versión caricaturesca del feminismo, alentando a las mujeres a abrazar el sexo casual, gastar sin límites y ser tan estereotípicamente femeninas o abiertamente sexys como quisieran.

Reacción al activismo. Surgido en los 80 y 90, el posfeminismo no fue una ideología clara, sino un mecanismo mediático que reaccionaba contra el activismo feminista. Fomentó la idea de que las olas feministas anteriores limitaban la libertad, llevando a las mujeres jóvenes a renegar del feminismo mientras se beneficiaban de sus logros.

Venta del empoderamiento. Este movimiento insistía en que elecciones individuales, como el sexo casual o estilos hiperfemeninos, eran intrínsecamente empoderadoras. Esta apropiación de palabras como "liberación" y "elección" se usó para vender a las mujeres una visión estrecha y sexualizada de la feminidad, a menudo encarnada por figuras como Carrie Bradshaw o las Spice Girls, cuyo lema "Girl Power" se convirtió en una marca comercial y apolítica.

Amortiguando el progreso. La cultura masiva logró neutralizar la energía del feminismo de tercera ola, que buscaba inclusión y cambio social. En lugar de una lucha colectiva, el posfeminismo promovió la movilidad selectiva y el consumismo desenfrenado, redefiniendo el feminismo como una búsqueda individual centrada en la presentación personal y el esfuerzo constante.

3. La estética pornográfica invadió los medios y la moda convencionales

El dominio del porno en la cultura popular llegó como describió Ernest Hemingway la bancarrota: primero lentamente, luego de golpe.

De tabú a tendencia. Tras la crisis del SIDA, las representaciones explícitas del sexo dejaron de ser tabú y se aceptaron como un espectáculo para espectadores. La fotografía de moda, en particular, comenzó a experimentar con la transgresión, dando lugar a la estética "porno chic" de principios de los 2000, donde elementos del porno se recontextualizaban en el arte, la moda y la publicidad.

Influencia omnipresente. Para esa década, las imágenes y tópicos pornográficos se absorbieron en la cultura mainstream, desde videos musicales (como "Dirrty" de Christina Aguilera) hasta la moda (tangas visibles, marketing de Abercrombie & Fitch) y el arte (como Terryworld de Terry Richardson). No se trataba solo de mostrar sexo, sino de adoptar la iluminación plana, los sujetos sin expresión y el enfoque en la objetivación propios del porno.

Reapropiando viejas dinámicas. Aunque se presentaba como liberador, esta tendencia a menudo reciclaba viejas dinámicas de poder. Las mismas personas que controlaban las imágenes de las mujeres comercializaron la estética pornográfica, reforzando la idea de que las mujeres eran objetos para el deseo masculino. Esto intensificó la presión sobre las mujeres para ajustarse a estándares sexuales estrechos, con efectos frecuentemente perjudiciales.

4. La televisión de realidad normalizó la vigilancia y la objetivación sexual de las mujeres

La visibilidad es una trampa.

Zoológico humano. Los primeros reality shows, como Jennicam y Big Brother, se presentaban como experimentos sociológicos, un "zoológico humano virtual" donde la vida de las personas era monitoreada constantemente. Esto satisfacía impulsos voyeuristas, difuminando las fronteras entre lo público y lo privado y preparando al público para una era de exposición constante.

Impulsos contradictorios. La televisión de realidad se definió por la colisión entre voyeurismo y tradicionalismo. Mientras se alentaba a las mujeres a ser amas de casa pasivas, también se esperaba que performaran la sexualidad para atraer audiencia. Programas como Real Sex y Who Wants to Marry a Multi-Millionaire? mercantilizaban a las mujeres, presentando su valor ligado a su deseabilidad y disposición a competir por la atención masculina.

Refuerzo de estereotipos. El género reforzaba estereotipos dañinos, retratando a las mujeres como histéricas, interesadas o poco confiables. Las mujeres de color enfrentaban además estigmatización y fetichización. La visibilidad en reality shows presentaba una paradoja: ser vista implicaba ajustarse a roles estrechos y objetivantes, pero no ser vista significaba invisibilidad en un panorama mediático en expansión.

5. Los estándares de belleza se homogenizaron, plastificaron y vincularon al valor

Solo se sanciona un estándar de belleza femenina: la niña.

Cultura del cambio radical. Programas de transformación como The Swan promovían la cirugía estética como camino hacia la mejora personal y la felicidad. Estos shows enfatizaban sin descanso que solo había una forma correcta de verse: intensamente femenina, heterosexual, sexy y a menudo blanca, borrando cualquier signo de diferencia.

Perfección comprable. Los 2000 vieron un auge en procedimientos cosméticos, presentando la transformación física como símbolo de estatus y emblema del consumo. La belleza se entendía no solo como reflejo de la identidad interna, sino como la principal fuente del valor social y económico de una mujer, reforzando la idea de que verse bien era la forma de ganar dinero.

Vergüenza y conformidad. Esta época se caracterizó por una intensa vergüenza hacia el cuerpo y escrutinio mediático, usando la humillación para fomentar la conformidad con ideales inalcanzables. Las celebridades eran juzgadas constantemente por su apariencia, y las mujeres comunes interiorizaban estos estándares, derivando en trastornos alimentarios y una obsesión por el mantenimiento personal como proyecto central.

6. La misoginia y la violencia sexual se normalizaron cada vez más en los medios

El porno no informa, ni debate, ni persuade. El porno entrena.

Cultura de entrenamiento. A medida que el porno se volvió más accesible y su estética permeó los medios convencionales, entrenó a la cultura para ver a las mujeres como objetos. Esto contribuyó a la normalización de contenidos misóginos y violentos sexualmente en la música, el cine y otras formas de entretenimiento.

Contenido extremo. La era post-11S vio el auge de géneros como el "torture porn" en el cine, reflejando ansiedades mediante violencia gratuita y degradación. Simultáneamente, la industria pornográfica se orientó hacia contenidos más extremos (porno gonzo), empujando límites para mantener su estatus transgresor mientras la cultura mainstream adoptaba sus tópicos previos.

Impacto real. Este cambio cultural tuvo consecuencias tangibles. Estudios vincularon la exposición a letras misóginas con actitudes negativas hacia las mujeres. El lenguaje y escenarios del porno extremo se filtraron en el discurso común e incluso, supuestamente, en actos de violencia y abuso, demostrando cómo las representaciones culturales moldean comportamientos y percepciones del poder.

7. La cultura del chisme alimentó el desprecio público y la deshumanización de mujeres famosas

¿Cómo no vemos que el trato a las It Girls se traduce en el trato a todas las chicas en nuestra cultura?

Escrutinio febril. Tras el 11S, los medios de celebridades explotaron, ofreciendo distracción pero también un escrutinio sin precedentes sobre mujeres famosas. Los tabloides y blogs como Perez Hilton y TMZ alimentaron un ciclo incesante de actualizaciones, a menudo centradas en crisis, adicciones y luchas personales de las estrellas.

Crueldad y deshumanización. Esta cobertura constante y agresiva, incluyendo fotos subidas de tono y humillaciones públicas, tuvo un efecto deshumanizador. Las mujeres eran tratadas menos como seres humanos y más como personajes de una telenovela, símbolos de decadencia disponibles para la disección y el ridículo público.

El asco como arma. El asco, una respuesta humana poderosa, se usó como arma contra mujeres en el ojo público, desde políticas hasta estrellas pop. Esto reflejaba patrones históricos que asociaban a las mujeres y sus cuerpos con la impureza, facilitando su desestimación, condena y deshumanización.

8. Las artistas femeninas usaron narrativas confesionales para recuperar agencia

Si cuento la historia, controlo la versión.

Recuperando la narrativa. A principios de los 2010, una nueva ola de artistas y escritoras mujeres usó narrativas confesionales y autoficción (como Tiny Furniture y Girls de Lena Dunham, How Should a Person Be? de Sheila Heti, Awkward Black Girl de Issa Rae) para recuperar el control sobre sus propias historias. Tras una década de apropiación y distorsión mediática, contar sus propias versiones se volvió un acto de autopreservación.

Desafiando normas. Estas obras exploraban temas como la humillación sexual, el desarrollo detenido y la absurdidad de las expectativas posfeministas con franqueza y humor oscuro. Rebatían las representaciones idealizadas de la feminidad y desafiaban la mirada masculina mostrando cuerpos y experiencias femeninas de manera poco glamorosa y a menudo incómoda.

Enfrentando rechazo. Esta nueva ola de arte centrado en mujeres enfrentó críticas, siendo a menudo desestimada como narcisista o demasiado personal. Sin embargo, al centrar la experiencia femenina y abordar las complejidades del sexo, poder e identidad en un mundo saturado de medios, estas artistas abrieron camino para relatos más diversos y honestos.

9. La era "girlboss" priorizó la ambición individual y el consumo

Las herramientas del amo nunca desmontarán la casa del amo.

Cultura del esfuerzo. Tras la recesión de 2008 y el auge de Instagram, la cultura del hustle se volvió necesaria. Instagram premiaba la autopresentación y el consumo, permitiendo a las mujeres convertir su marca personal en negocios lucrativos, a menudo mediante marketing de influencers y venta de productos.

Ascenso individual. El fenómeno "girlboss" encarnó esta época, promoviendo a jóvenes emprendedoras mediáticas como símbolos de éxito. Esta ideología, que resonaba con el posfeminismo y Lean In, se centraba en mujeres escalando la corporación o creando imperios empresariales, a menudo ligados a la belleza o la moda, en lugar de abogar por cambios estructurales.

Capitalismo sobre feminismo. Este movimiento cooptó el lenguaje feminista ("empoderamiento", "hustle") para vender productos y estilos de vida, capitalizando el deseo femenino de éxito y superación. Sin embargo, ignoró en gran medida las desigualdades estructurales y a menudo se apoyó en prácticas explotadoras, sirviendo más al capitalismo que al progreso feminista colectivo.

10. Las narrativas culturales redujeron a caricaturas a las mujeres que buscan poder

Desde entonces, las mujeres que se postulan para cargos suelen caer en las mismas trampas en que tropezaron Clinton y Palin.

Arquetipos limitados. La cultura occidental mantiene una profunda separación entre mujeres y poder, reflejada en narrativas que silencian o minimizan a las mujeres en posiciones de autoridad. Cuando buscan poder, suelen reducirlas a arquetipos limitados o caricaturas sexuales.

Objetivación política. El ascenso de mujeres como Hillary Clinton y Sarah Palin en los 2000 fue recibido con sexualización inmediata y ataques deshumanizantes en medios y política. A pesar de sus ideologías distintas, ambas enfrentaron escrutinio sobre sus cuerpos, vidas personales y feminidad percibida, reforzando la idea de que el valor de una mujer es principalmente sexual, incluso en la política.

Trampas persistentes. Este patrón continúa, con mujeres en política enfrentando ataques similares que cuestionan su competencia, moralidad y dignidad basados en estereotipos de género. El condicionamiento cultural de décadas, que presenta a las mujeres como objetos o "desastres", dificulta que los votantes las vean como líderes capaces, demostrando cómo las narrativas culturales pueden obstaculizar el progreso real.

11. Entender esta historia es crucial para reescribir las narrativas del poder femenino

Re-visionar —el acto de mirar atrás, de...

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Resumen de reseñas

3.86 de 5
Promedio de 17.000+ valoraciones de Goodreads y Amazon.

Girl on Girl ha recibido elogios generalizados por su análisis profundo del impacto de la cultura pop en las mujeres, especialmente en las millennials. Los lectores valoran la manera en que Gilbert examina la misoginia presente en la música, la televisión de realidad y las redes sociales. Muchos consideran que el libro es revelador, cargado de nostalgia y tan absorbente que resulta difícil dejar de leerlo. Algunos señalan que su contenido puede resultar abrumador y generar ansiedad, pero reconocen su importancia. La obra es celebrada por su estilo de escritura accesible y su investigación exhaustiva. Entre las críticas, se menciona un final abrupto y cierta repetitividad en ocasiones. En conjunto, se recomienda encarecidamente por su poderosa exploración de cómo los medios han moldeado la percepción que las mujeres tienen de sí mismas y de las demás.

Your rating:
4.58
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Preguntas frecuentes

1. What is Girl on Girl: How Pop Culture Turned a Generation of Women Against Themselves by Sophie Gilbert about?

  • Pop culture’s impact on women: The book explores how pop culture from the 1990s to the 2010s shaped millennial women’s self-perception, relationships, and identities.
  • Media and female representation: It analyzes how women were portrayed in music, TV, film, magazines, and social media, and how these portrayals influenced societal expectations and personal ambitions.
  • Historical and cultural context: Gilbert situates these trends within broader movements like postfeminism, the riot grrrl movement, and the #MeToo era, revealing how culture both empowered and constrained women.
  • Call for narrative change: Ultimately, the book urges a rewriting of cultural narratives around female power, ambition, and solidarity.

2. Why should I read Girl on Girl by Sophie Gilbert?

  • Nuanced cultural analysis: The book offers a comprehensive, critical look at how pop culture both empowered and limited women, making it essential for anyone interested in feminism, media, or cultural history.
  • Insight into millennial womanhood: Readers gain a deeper understanding of the forces shaping contemporary issues around female identity, empowerment, and self-perception.
  • Encourages critical thinking: By exposing the mechanisms behind media messages, Gilbert empowers readers to question and resist harmful narratives about women and power.
  • Relevance to current debates: The book’s discussions on postfeminism, #MeToo, and the resurgence of misogyny are timely and vital for activists, creators, and consumers.

3. What are the key takeaways from Girl on Girl by Sophie Gilbert?

  • Pop culture’s double-edged sword: Media offered both opportunities and limitations for women, often packaging empowerment in ways that reinforced traditional gender norms.
  • Postfeminism’s paradox: The rise of postfeminism encouraged individualism and consumerism, but often sidelined collective activism and masked ongoing objectification.
  • Reality TV and social media: These platforms democratized fame and self-presentation but also intensified pressures around appearance, competition, and self-surveillance.
  • Need for new narratives: Gilbert calls for more diverse, authentic portrayals of women’s power and ambition to challenge ingrained cultural assumptions.

4. What is postfeminism according to Girl on Girl by Sophie Gilbert?

  • Media-driven sensibility: Postfeminism is described as a cultural attitude, not a political movement, that emerged in the 1980s and 1990s, promoting individualism, consumerism, and sexualized femininity.
  • Opposition to traditional feminism: It often defined itself against a caricature of feminism, encouraging women to embrace consumer culture and sexual availability as empowerment.
  • Cultural saturation: By the late 1990s, postfeminist ideals had permeated media, replacing collective activism with personal choice and upward mobility.
  • Critique of “empowerment”: Gilbert is skeptical of how “empowerment” is used in postfeminist contexts, arguing it often disguises continued objectification.

5. How does Girl on Girl by Sophie Gilbert describe the influence of pornography on mainstream culture?

  • Pervasive cultural force: Pornography is depicted as a defining product of the era, shaping music, fashion, art, and even politics.
  • Training effect: The book argues that porn conditions audiences to see women as objects for male pleasure, normalizing violence and degradation.
  • Mainstream adoption: Porn’s aesthetics and values filtered into mainstream media, blurring boundaries between art, commerce, and explicit sexual imagery.
  • Impact on activism: Self-objectification, promoted by both postfeminism and porn, is linked to decreased activism and social justice engagement among women.

6. How did music in the 1990s and 2000s shape feminism and misogyny according to Girl on Girl?

  • Feminist music in the 1990s: Artists like Madonna, Janet Jackson, and riot grrrl bands challenged misogyny and asserted feminist ideals.
  • Backlash and sidelining: By the late 1990s, feminist voices were replaced by younger, less opinionated pop stars and a surge of misogynistic music genres.
  • Hip-hop feminism: Female artists like Queen Latifah and Salt-N-Pepa offered counter-narratives but were often overshadowed by sexist rap culture.
  • 2000s sexualization: The rise of teen pop idols and the increasing sexualization of young female stars reflected and reinforced postfeminist ideals.

7. What role did reality television play in shaping women’s cultural narratives in Girl on Girl?

  • Commodification of femininity: Reality TV in the 2000s promoted hyperfeminine ideals and self-surveillance, reinforcing postfeminist sensibilities.
  • Competition and spectacle: Shows like The Bachelor and Who Wants to Marry a Multi-Millionaire? reduced women to competitors for male attention and wealth.
  • Visibility paradox: Reality TV increased women’s visibility but often trapped them in roles emphasizing appearance, rivalry, and emotional excess.
  • Racialized stereotypes: Programs featuring women of color often perpetuated harmful stereotypes, limiting authentic representation.

8. How does Girl on Girl by Sophie Gilbert address beauty standards and body image in the 2000s?

  • Transformation obsession: The 2000s saw a boom in cosmetic surgery and makeover shows, promoting a homogenized, hyperfeminine ideal.
  • Diet culture and fatphobia: Intense fat-shaming, diet fads, and media scrutiny of women’s bodies were rampant, reinforcing harmful messages about weight and worth.
  • Kardashian influence: The Kardashian family redefined beauty ideals around curvaceousness and cosmetic enhancement, shaping global standards.
  • Intersection with race: Shifts in beauty ideals included the fetishization of ethnically marked bodies, raising issues of colorism and cultural appropriation.

9. What are the key cultural concepts discussed in Girl on Girl by Sophie Gilbert?

  • Postfeminism and its paradox: The book explores how postfeminism encouraged empowerment through consumerism and self-surveillance, yet reinforced traditional gender norms.
  • Confessional auteur and autofiction: Gilbert highlights women creators who used confessional storytelling to reclaim female narratives and challenge sanitized myths.
  • Girlboss culture: The rise and critique of entrepreneurial feminism focused on individual success and branding, often ignoring systemic inequalities.
  • Media’s double-edged influence: The book examines how media both empowered and constrained women, shaping gender politics and self-perception.

10. How does Girl on Girl by Sophie Gilbert explore the impact of the #MeToo movement and confessional writing?

  • Confessional writing as empowerment: The book traces a resurgence of first-person narratives by women, reclaiming control over their stories and exposing vulnerabilities.
  • #MeToo’s significance: Gilbert situates #MeToo as a culmination of increased visibility and validation of women’s testimonies about harassment and abuse.
  • Backlash and risks: Women who speak out often face skepticism, harassment, and professional risks, highlighting the movement’s incomplete progress.
  • Persistent misogynoir: The book discusses cases like Megan Thee Stallion’s to illustrate ongoing backlash, especially against women of color.

11. What critique does Girl on Girl by Sophie Gilbert offer about "girlboss" culture and female entrepreneurship?

  • Commodification of feminism: "Girlboss" culture repackaged feminism as a marketable brand focused on individual success and consumerism, often ignoring structural barriers.
  • Rise and fall of girlbosses: Figures like Sophia Amoruso and Emily Weiss became icons but faced criticism for workplace practices and lack of inclusivity.
  • MLM schemes and exploitation: The book connects girlboss culture to multi-level marketing schemes that exploit women’s networks and aspirations.
  • Limited transformative power: Gilbert argues that girlbosses were often symbolic rather than agents of broad, systemic change.

12. What hopeful perspectives and solutions does Girl on Girl by Sophie Gilbert offer for rewriting women’s stories and power?

  • Cultural re-vision as survival: Drawing on Adrienne Rich, Gilbert emphasizes the importance of challenging ingrained assumptions about women and power through art and storytelling.
  • Emergence of diverse voices: The book highlights new media and creators who offer more nuanced, authentic portrayals of women’s experiences and ambitions.
  • Expanding representation: Gilbert calls for more complex, humanized portrayals of female leaders and creators to change societal expectations.
  • Path to genuine change: Rewriting narratives is presented as essential for expanding possibilities and achieving real progress for women.

Sobre el autor

Sophie Gilbert es una escritora británica y colaboradora de la revista The Atlantic. Como una Millennial mayor, sus vivencias coinciden con el periodo que aborda en "Girl on Girl". Su formación periodística se refleja en la minuciosidad de su investigación y en el análisis detallado de las tendencias de la cultura pop. Su estilo de escritura se caracteriza por ser astuto, directo e informativo, lo que facilita la comprensión de temas complejos para los lectores. La obra de Gilbert revela un profundo entendimiento de las cuestiones feministas y su relación con los medios de comunicación. Su capacidad para examinar críticamente los referentes culturales conecta especialmente con quienes crecieron en la época que ella describe. La perspectiva de Gilbert, tanto como crítica cultural como mujer que vivió aquel tiempo, aporta autenticidad a su trabajo.

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