Ideas clave
1. La revolución del marketing de Arthur Sackler y la difuminación de la ética
Arthur fue como quien inventó la rueda.
Pionero en la publicidad médica. Arthur Sackler, patriarca de la familia, revolucionó el marketing farmacéutico a mediados del siglo XX, transformándolo de un negocio conservador en una industria sofisticada y agresiva. Aplicó técnicas de publicidad al consumidor —eslóganes pegajosos, imágenes impactantes y apelaciones directas— a los medicamentos con receta, creando efectivamente el concepto de antibiótico “de amplio espectro” para el Terramicina de Pfizer. Su agencia, William Douglas McAdams, se convirtió en una potencia, y en secreto poseía una firma rival, L.W. Frohlich, formando un imperio oculto.
Líneas borrosas. Arthur manejó con destreza la delgada línea entre la educación médica y la promoción comercial. Fundó revistas médicas como Medical Tribune, que a menudo publicaban artículos favorables a los medicamentos de sus clientes y estaban financiadas en gran medida por anuncios farmacéuticos. Creía que los médicos eran inmunes a la influencia de la publicidad, pero sus estrategias estaban diseñadas para influir en sus hábitos de prescripción. Este enfoque sentó un precedente peligroso para el marketing farmacéutico futuro, priorizando las ventas sobre la estricta objetividad científica.
Un legado complejo. La ambición de Arthur iba más allá de los negocios; fue un coleccionista de arte prolífico y filántropo, donando millones a instituciones culturales. Se veía a sí mismo como un polímata, uniendo arte, ciencia y comercio. Sin embargo, sus métodos, que incluían donaciones con ventajas fiscales y una preferencia por el anonimato en los negocios mientras buscaba reconocimiento público en la filantropía, sentaron las bases éticas para las futuras empresas de su familia, demostrando cómo se podía acumular una enorme riqueza y luego “lavarla” a través de la benevolencia pública.
2. La fiebre del oro de los tranquilizantes abrió el camino
Los tranquilizantes tienen una característica notable: casi todas las especialidades médicas pueden usarlos.
El medicamento de la “Era de la Ansiedad”. El éxito temprano de los Sackler con tranquilizantes como Librium y Valium, comercializados por la agencia de Arthur, demostró la enorme rentabilidad de fármacos que atendían el malestar psicológico común. Librium, lanzado en 1960, se promovió como la panacea para la “Era de la Ansiedad”, convirtiéndose rápidamente en un éxito rotundo. Valium, introducido poco después, se diferenció mediante un marketing astuto para tratar la “tensión psíquica” y los espasmos musculares, a pesar de ser químicamente similar.
Tácticas agresivas de marketing. El equipo de Arthur empleó estrategias innovadoras, a menudo engañosas, para impulsar estos medicamentos. Evadieron las normas de la FDA contra la publicidad directa al consumidor colocando artículos en revistas populares (como “Una nueva forma de calmar a un gato” en Life) y saturando consultorios médicos con materiales promocionales, muestras gratuitas y conferencistas pagados. Apuntaron especialmente a las mujeres, presentando los tranquilizantes como solución a las tensiones de la vida moderna, desde la presión universitaria hasta la menopausia.
Minimizando los riesgos de adicción. A pesar de la creciente evidencia sobre la adicción, Purdue y sus socios de marketing, bajo la guía de Arthur, minimizaron sistemáticamente los riesgos de Librium y Valium. Argumentaban que la adicción era una “enfermedad psicológica” de “personalidades adictivas”, no una propiedad inherente de los fármacos. Esta narrativa, que trasladaba la culpa del medicamento al usuario, se convirtió en un modelo para futuras empresas de los Sackler, permitiéndoles obtener enormes ganancias mientras externalizaban el costo humano.
3. El giro de Purdue hacia el dolor: un cambio lucrativo y arriesgado
El dolor es el síntoma más común en los pacientes.
De laxantes a opioides. Purdue Frederick, inicialmente una pequeña empresa que vendía productos mundanos como laxantes (Senokot) y antisépticos (Betadine), fue transformada bajo Raymond y su hijo Richard Sackler. La adquisición de Napp Pharmaceuticals en el Reino Unido llevó al desarrollo de MS Contin, una pastilla de morfina de liberación lenta. Esto marcó un giro estratégico hacia el manejo del dolor, un mercado que consideraban desatendido y listo para expandirse.
Desafiando la “opifobia”. Richard Sackler promovió una nueva filosofía en el manejo del dolor, argumentando que los médicos eran demasiado cautelosos (“opifóbicos”) al recetar opioides debido a temores exagerados sobre la adicción. Creía que el dolor crónico era una epidemia generalizada y poco tratada, y que los opioides eran “el regalo de la naturaleza” para aliviar el sufrimiento. Esta narrativa, apoyada por especialistas en dolor pagados, buscaba desestigmatizar los opioides y fomentar su uso más amplio.
El éxito de MS Contin. MS Contin, lanzado en EE. UU. en 1984 sin la aprobación completa de la FDA (una laguna legal aprovechada por el equipo jurídico de Purdue), fue un éxito significativo. Su mecanismo de liberación controlada permitía dosis menos frecuentes, facilitando su uso para pacientes, especialmente con dolor canceroso. Este éxito validó la visión de Richard y preparó el terreno para el desarrollo de un opioide aún más potente y rentable: OxyContin.
4. El lanzamiento engañoso de OxyContin alimentó la adicción
OxyContin es el producto comercial más importante en la historia de la empresa.
Una visión de éxito rotundo. Richard Sackler lideró el desarrollo y lanzamiento de OxyContin en 1996, imaginándolo como el próximo medicamento estrella de Purdue. Participó en cada detalle, desde I+D hasta marketing. OxyContin contenía oxicodona, un opioide dos veces más potente que la morfina, en una fórmula de liberación controlada. El objetivo interno era expandir su uso más allá del dolor canceroso hacia el mucho mayor mercado del dolor crónico no canceroso.
Falsas afirmaciones sobre baja adicción. La estrategia de marketing de Purdue se basó en la engañosa afirmación de que el mecanismo de liberación controlada de OxyContin lo hacía menos adictivo que otros opioides, con una tasa de adicción “menor al 1%”. Esta afirmación, sustentada en una única carta de cinco frases al New England Journal of Medicine (no un estudio revisado por pares), fue promovida agresivamente por representantes de ventas y “embajadores del dolor” pagados. La FDA, bajo Curtis Wright (quien luego se unió a Purdue), aprobó una etiqueta que afirmaba ambiguamente que la liberación controlada “se cree que reduce la capacidad de abuso”.
Tácticas agresivas de ventas. Purdue desplegó una enorme fuerza de ventas, incentivada con jugosos bonos, para apuntar a médicos generales con poca experiencia en opioides fuertes. Proporcionaron muestras gratuitas, patrocinaron seminarios lujosos sobre manejo del dolor en resorts y distribuyeron mercancía de marca. El objetivo era que los médicos prescribieran OxyContin “temprano y a menudo”, y que “ajustaran la dosis” hacia niveles más altos y rentables, incluso para dolores moderados.
5. Negación y transferencia de culpas en medio de una crisis creciente
Los abusadores no son víctimas, son agresores.
Ignorando las primeras advertencias. Casi de inmediato tras su lanzamiento, comenzaron a surgir reportes de abuso y adicción a OxyContin, especialmente en comunidades rurales y de los Apalaches. Los usuarios descubrieron que triturar las pastillas anulaba el mecanismo de liberación controlada, produciendo un efecto potente e inmediato. Los representantes de ventas de Purdue documentaron estos problemas en sus notas, y memorandos internos revelaron que la empresa conocía el abuso generalizado, incluyendo esnifar e inyectar el medicamento.
Culpando a la víctima. A pesar de la evidencia creciente, Richard Sackler y la dirección de Purdue, incluyendo al abogado Howard Udell y al jefe de marketing Michael Friedman, negaron vehementemente cualquier responsabilidad. Siempre culparon a “adictos” y “criminales” por el mal uso, describiéndolos como “escoria” y “perpetradores” en lugar de víctimas. Esta narrativa se promovió tanto públicamente como internamente, y Udell incluso desarrolló un sistema de “auto-eliminación” de correos electrónicos para borrar comunicaciones antiguas.
Suprimiendo la disidencia. Purdue trabajó activamente para suprimir información negativa y críticas. Presionaron a periodistas, amenazaron con demandas y usaron su influencia para desacreditar a quienes expresaban preocupaciones. Cuando un reportero del New York Times, Barry Meier, comenzó a investigar, los ejecutivos de Purdue intentaron detener su trabajo y, tras la publicación de su libro Pain Killer, lograron que el periódico lo retirara de la cobertura de la crisis de opioides, alegando conflicto de intereses.
6. Batallas legales y acuerdos estratégicos protegieron la riqueza familiar
Purdue y sus altos ejecutivos ya han sido procesados.
El acuerdo federal de 2007. Ante una investigación criminal federal en Virginia, Purdue Pharma y tres altos ejecutivos (Michael Friedman, Paul Goldenheim y Howard Udell) alcanzaron un acuerdo en 2007. Purdue Frederick (la entidad original y más pequeña) se declaró culpable de un cargo grave por etiquetado incorrecto de OxyContin, pagando una multa de 600 millones de dólares. Los tres ejecutivos se declararon culpables de cargos menores, recibiendo libertad condicional y servicio comunitario, pero sin prisión.
Protegiendo a los Sackler. Lo crucial fue que ningún miembro de la familia Sackler fue acusado, y sus nombres estuvieron casi ausentes en el discurso público sobre el acuerdo. La familia estructuró estratégicamente su imperio con múltiples entidades, permitiendo que Purdue Frederick asumiera la culpa mientras Purdue Pharma (más rentable) continuaba operando. Los ejecutivos, a su vez, fueron generosamente compensados por los Sackler por su “sacrificio”, recibiendo millones en bonos.
Sellando la evidencia. Una pieza clave de la estrategia legal de Purdue fue resolver demandas fuera de los tribunales y exigir que todos los documentos incriminatorios, incluyendo transcripciones de declaraciones y memorandos internos, quedaran sellados y fuera del alcance público. Esta práctica, replicada en miles de demandas, enterró efectivamente la evidencia de la implicación directa y el conocimiento de los Sackler sobre los peligros de OxyContin, permitiéndoles mantener una imagen pública benévola mientras la crisis avanzaba.
7. “Evergreening” y expansión global de los opioides
Purdue debería liderar este tipo de investigación, ¿cómo es que estamos siguiendo a otras compañías?
El declive de la patente y la reformulación. Al acercarse la expiración de la patente original de OxyContin, Purdue enfrentó el “acantilado de la patente” —una caída drástica en ingresos por la competencia genérica. Para contrarrestarlo, desarrollaron una nueva formulación “disuasoria de abuso” (OxyContin OP) en 2010. Esta reformulación, aunque dificultaba triturar o inyectar las pastillas, no evitaba el abuso oral y luego se descubrió que aumentaba las tasas generales de sobredosis al empujar a los usuarios hacia drogas callejeras más baratas y potentes como la heroína y el fentanilo.
La controvertida aprobación de la FDA. La FDA no solo aprobó OxyContin OP, sino que dio un paso sin precedentes al declarar insegura la formulación original y bloquear versiones genéricas. Esta decisión, fuertemente influenciada por el cabildeo de Purdue, otorgó a la empresa un nuevo período de exclusividad en el mercado, extendiendo su monopolio y ganancias. La afirmación de la FDA de que la nueva formulación “se cree que reduce la capacidad de abuso” se basó en evidencia limitada.
El impulso global de Mundipharma. Con el mercado estadounidense saturado y en litigios, los Sackler trasladaron sus tácticas agresivas a mercados internacionales a través de Mundipharma, su red global privada. Apuntaron a países de América Latina y Asia, usando las mismas estrategias engañosas —minimizando la adicción, promoviendo opioides para dolor no canceroso y empleando “embajadores del dolor”— que habían alimentado la crisis en EE. UU. Raman Singh, CEO de Mundipharma Asia, se jactó abiertamente de “comercializar el dolor” y aspiraba a que China superara a EE. UU. como su mercado principal.
8. La filantropía como velo para riquezas controvertidas
El apellido Sackler es sinónimo de buena obra y éxito del capitalismo.
Un nombre en todas partes. La familia Sackler cultivó una imagen de generosidad sin igual, donando cientos de millones a prestigiosas instituciones culturales y educativas en todo el mundo. Su nombre adornaba alas en el Museo Metropolitano de Arte, el Louvre, Harvard, Yale, Oxford y numerosas universidades y museos. Esta filantropía extensa sirvió para pulir su reputación, creando un marcado contraste entre su imagen pública y la creciente controversia en torno a su negocio farmacéutico.
La paradoja del “nombre noble”. Arthur Sackler, en particular, enfatizaba la importancia de un “nombre noble” y creía que la filantropía ofrecía “la posibilidad de la inmortalidad”. Las donaciones familiares a menudo incluían cláusulas estrictas de derechos de nombre, asegurando que su apellido estuviera en primer plano. Esto creó una paradoja: una familia cuya riqueza estaba cada vez más vinculada a una catástrofe de salud pública era simultáneamente celebrada como benefactores del arte y la ciencia, usando la filantropía para “lavar la sangre del dinero”.
Ocultando el origen de la riqueza. Los Sackler protegieron meticulosamente la fuente de su fortuna, rara vez hablando públicamente de Purdue Pharma. Sus estructuras financieras, que involucraban un laberinto de fideicomisos y empresas pantalla en paraísos fiscales como Bermudas, ocultaban aún más la conexión entre sus esfuerzos filantrópicos y las ganancias de OxyContin. Esta opacidad deliberada les permitió disfrutar del prestigio social de sus donaciones sin enfrentar escrutinio por sus prácticas comerciales.
9. El activismo obligó a las instituciones a enfrentar el legado Sackler
¡La familia Sackler miente! ¡Miles de muertos! ¡Quiten su nombre!
La cruzada personal de Nan Goldin. La artista Nan Goldin, exadicta recuperada de OxyContin, se convirtió en una voz poderosa contra los Sackler. Habiendo experimentado de primera mano los efectos devastadores del medicamento, fundó el grupo activista PAIN (Intervención contra la Adicción a Prescripción Ahora) y organizó protestas muy visibles en instituciones con el nombre Sackler. Su activismo, basado en su historia personal e integridad artística, ejerció una presión pública sin precedentes sobre estos bastiones culturales.
El movimiento de “desnombrar”. Las protestas de Goldin, que a menudo incluían “die-ins” y el simbólico lanzamiento de frascos vacíos de pastillas en fuentes de museos, forzaron a las instituciones a confrontar las implicaciones éticas de aceptar dinero Sackler. El movimiento ganó fuerza, llevando a una ola de decisiones para retirar el nombre. El Louvre fue la primera gran institución en eliminar el nombre Sackler, seguido por la National Portrait Gallery, Tate Modern, Guggenheim y finalmente el Museo Metropolitano de Arte y la Universidad Tufts.
Un cambio en la percepción pública. El activismo logró cambiar la percepción pública del nombre Sackler, de símbolo de benevolencia a uno inextricablemente ligado a la crisis de opioides. Aunque muchas instituciones inicialmente resistieron, citando obligaciones contractuales o la necesidad de honrar donaciones pasadas, la presión sostenida y la indignación moral resultaron demasiado poderosas para ignorar. Esto marcó una victoria significativa por la rendición de cuentas y una reevaluación ética del financiamiento filantrópico.
10. La bancarrota protegió miles de millones, no la responsabilidad
La familia Sackler extrajo con éxito la esencia de Purdue, año tras año, mes tras mes, dejando salir cientos de millones de dólares de la empresa.
Bancarrota estratégica. En 2019, enfrentando miles de demandas de estados, ciudades y condados, Purdue Pharma se acogió al Capítulo 11 de bancarrota. Fue un movimiento estratégico, orquestado por los Sackler, para consolidar la litigación y negociar un acuerdo global que protegiera la riqueza restante de la familia y los blindara contra futuras responsabilidades. La familia ya había extraído miles de millones de Purdue, dejando a la empresa con activos limitados.
Propuesta de acuerdo controvertida. Los Sackler propusieron un acuerdo que convertiría a Purdue en un fideicomiso de beneficio público, con futuras ganancias (de la venta continua de opioides) destinadas a atender la crisis. Ofrecieron 3 mil millones adicionales de su fortuna personal, condicionados a la venta de sus activos internacionales de Mundipharma. Crucialmente, este acuerdo exigía una inmunidad legal amplia para la familia frente a todas las demandas futuras relacionadas con opioides, sin admitir ninguna culpa.
Indignación y batallas legales en curso. Muchos fiscales generales estatales, especialmente de estados “azules” como Massachusetts y Nueva York, rechazaron vehementemente la propuesta, calificándola de “insulto” y “farsa”. Argumentaron que los Sackler habían desviado miles de millones de Purdue, dejando poco para las víctimas, y ahora intentaban comprar inmunidad. Las investigaciones revelaron que la familia había transferido más de 10 mil millones fuera de Purdue desde 2007. El proceso de bancarrota se convirtió en un campo de batalla, con víctimas y fiscales luchando por responsabilizar personalmente a los Sackler y evitar que escaparan de la justicia.
Resumen de reseñas
Imperio del Dolor es un relato meticulosamente investigado y absorbente sobre el papel de la familia Sackler en la crisis de los opioides. Keefe narra con maestría la historia de tres generaciones de los Sackler, desde sus humildes orígenes hasta su ascenso como magnates farmacéuticos. El libro revela la agresiva estrategia de marketing de OxyContin por parte de la familia y su negación de las propiedades adictivas del medicamento. Los lectores quedan cautivados por la narrativa de Keefe, que se lee como un thriller mientras desvela el devastador impacto de la codicia corporativa. Numerosos críticos elogian la exhaustiva investigación del libro y su capacidad para despertar indignación e incredulidad ante las acciones de los Sackler.
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